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Centenario del Tornado: Una canoa que trajo luz de esperanza a sobrevivientes de la tragedia

La tragedia del tornado del 20 de setiembre de 1926 en Encarnación trajo a colación lo mejor de la calidad humana, que en los relatos de la época nos recuerdan un legado de solidaridad, hermanda...

La tragedia del tornado del 20 de setiembre de 1926 en Encarnación trajo a colación lo mejor de la calidad humana, que en los relatos de la época nos recuerdan un legado de solidaridad, hermandad, coraje y valentía que no debemos dejar extinguir.

Ese fuego de esperanza vive en los encarnacenos de hoy, quienes están conectados con ese linaje que superó la catástrofe natural con más víctimas cobradas en la historia del Paraguay. No obstante, entre nosotros continúan quienes en sangre llevan el orgullo de las acciones de sus ancestros, quienes fueron protagonistas de la historia de un nuevo resurgimiento de la que hoy es considerada una de las ciudades más bellas del país.

Margarita Memmel (71) es nieta de Jorge Memmel, que en tiempos de la tragedia fue considerado uno de los héroes que ayudó a salvar cientos de vidas. Junto al padre de la Sociedad del Verbo Divino (SVD), José Kreusser, cruzaron el río Paraná de noche en una precaria canoa a pedir auxilio a la ciudad de Posadas.

Tras este acto llegó un contingente de auxilio desde el vecino país. Llegaron de inmediato un médico posadeño, Edmundo Bareiro y cinco hermanas de la caridad, que auxiliaron a los heridos. También llegaron con ellos Orangel Delmar y Onessimo Diovertti. Posteriormente otros contingentes con ayuda a los sobrevivientes.

Fueron incluso las autoridades de Posadas quienes enviaron el telegrama a Asunción para avisar que la ciudad de Encarnación fue devastada por un ciclón. Este acto heroico de los ciudadanos alemanes asentados en la región les valió décadas de reconocimiento.

Dos de las calles céntricas principales de la ciudad llevan sus nombres, fueron declarados ciudadanos honorarios de Paraguay y cada año se recordaba la tragedia contando la historia de los valientes que consiguieron ayuda que permitió a los sobrevivientes hallar esperanza en medio de la oscuridad.

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Rescatar valores humanos

Margarita refirió que detrás de la historia o el reconocimiento al valor, el episodio trae al análisis la importancia de recuperar los valores humanos. «Nosotros mismos tenemos la culpa de no habernos dado cuenta de lo importante que tiene que ser este recuerdo», puntualizó.

Actualmente, los vestigios de aquel episodio histórico yacen debajo de las aguas del río Paraná. Aquellos edificios que sobrevivieron a la catástrofe del tornado no lo hicieron ante el embalse de la represa Yacyretá.

Tras la muerte de su padre, Carlos Memmel, Margarita confesó que halló el baúl de los recuerdos de su abuelo y su padre, que contenían fotos y recortes de periódicos de la época. Es un acervo incalculable, siendo uno de los pocos archivos que existen de la tragedia.

«El abuelo era tan humilde y de perfil bajo, que nunca hablamos con él sobre el ciclón», explicó. No obstante, resaltó que «fue tan heroico lo que estos dos ciudadanos alemanes hicieron, por eso se los recordó tanto». Lamentó que la historia nunca fue valorada, hasta el punto en que evidenció que la única entrevista que hicieron a su padre Carlos, sobre la historia de su abuelo, fue para el diario «El Territorio» de la ciudad de Posadas.

Refirió que lo importante de rescatar este episodio radica en entender que, en estos tiempos de caos, saber que hubo gente honrífica y buena. «Ellos por amor al prójimo y por amor a la gente arriesgaron su vida». Acotó además que la embarcación en la que navegaron no tenía remos ni motor. Jorge Memmel tuvo que remar con unas palas, porque el padre José Kreusser no sabía remar. Era de noche y las aguas estaban turbias tras la tormenta.

Indicó además que, a través de sus actos, lo mejor del lado humano actuó en consecuencia. La solidaridad llegó desde todo el país, desde la vecina Posadas y otros países del extranjero.

La noticia incluso tuvo repercusión en diarios impresos de Alemania, de la natal Baviera, de donde provenían quienes ellos llamaron «héroes».

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¿Quién fue Jorge Memmel?

Jorge Memmel fue un navegante inmigrante alemán que se asentó en Encarnación. Fue un venerable maestro masón de la época. Llegó al país en 1910 aproximadamente, con su padre y madre.

Mientras el padre José Kreusser pedía ayuda a las autoridades de Posadas, Memmel se comunicó con los miembros de la logia de Posadas. En la ciudad vecina estaba prevista la inauguración del nuevo Templo de la Logia Roque Pérez, pero destinaron la instalación como un banco de sangre para asistir a heridos durante el postornado.

Memmel hacía viajes de comercio y turísticos por el río Paraná. «Él amaba el Paraná; siempre decía: el día que yo muera, quisiera que me trague el Paraná». Por las casualidades de la vida, un 20 de marzo de 1966 cayó al río en el Puerto Presidente Franco y murió. Su cuerpo quedó atorado debajo de una jangada y fue hallado dos meses después en la isla Yacyretá.

Su muerte conmocionó a toda la ciudadanía, y en su funeral miles de personas asistieron para despedirlo.

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Dimensionar la tragedia

La tarde del 20 de setiembre de 1926, tras una calurosa jornada, cerca de las 18:00 comenzó el fenómeno que devastó gran parte de la villa baja de la ciudad de Encarnación.

Nunca pudo establecerse fehacientemente la cantidad exacta de muertos, pero cuentan que fueron alrededor de 400 y más de 1.000 heridos.

Esa misma noche, tras conocerse las dimensiones del fenómeno, el padre católico del Verbo Divino, José Kreusser, y el miembro de la masonería Jorge Memmel cruzaron el río Paraná en canoa para pedir auxilio a la ciudad argentina de Posadas. De inmediato, las autoridades del vecino país se movilizaron con asistencia.

El obispo de la Diócesis de Encarnación, monseñor Francisco Javier Pistilli, en su obra «La otra Tromba», del libro «Encarnaición a 100 años del Ciclón», describe que «es deber de memoria rescatar del olvido a todos los que también estuvieron a la altura de la hora. Aunque es honesto decir que muchos no serán nombrados, pero su servicio anónimo no será desconocido», reflexionó.

Cuenta, por ejemplo, el caso del foguista italiano de la Usina Eléctrica de Encarnación, Juan Perotti, quien murió tras cortar la corriente que abastecía a la ciudad. Previamente, varios sobrevivientes murieron por electrocución. El acto heroico salvó varias vidas, incluso a costa de la suya.

El doctor Eligio Ayala era el presidente de la República en esa época. El 22 de septiembre emitió el Decreto Nº 24.997, que autoriza la inversión de 600.000 pesos de curso legal para proveer al socorro de las víctimas de la catástrofe de la ciudad de Encarnación.

Dispuso que se equipara inmediatamente un tren de socorros en el que se trasladaron el vicepresidente de la República, Dr. Manuel Burgos; el ministro del Interior, Dr. Belisario Rivarola; y el presidente de la Cámara de Diputados, Dr. José Patricio Guggiari.

Además de funcionarios públicos, médicos, practicantes, periodistas y particulares, el mayor Luis Irrazábal, al mando de una tropa del regimiento de Paraguarí, se unió al grupo para establecer la asistencia de los heridos y el sostenimiento de la población en desgracia. Trajeron medicamentos, ropas y víveres en bastante cantidad. El convoy que partió esa tarde con los voluntarios, que normalmente hacía el trayecto en 14 horas, llegó en tiempo récord de 7 horas, según historiadores que relataron sobre la tragedia que marcó a la capital de Itapúa.

Fuente: https://www.abc.com.py/nacionales/2026/09/20/centenario-del-tornado-una-canoa-que-trajo-luz-de-esperanza-a-sobrevivientes-de-la-tragedia/

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