
“La gente busca un trabajo digno”, dijo Mons. Valenzuela al reflexionar sobre la realidad que golpea a las familias
Monseñor Ricardo Valenzuela reflexionó sobre el llamado de Dios a trabajar en su viña y destacó que nadie debería quedar excluido. Instó a los feligreses a trabajar, servir y mirar la realida...
Monseñor Ricardo Valenzuela reflexionó sobre el llamado de Dios a trabajar en su viña y destacó que nadie debería quedar excluido. Instó a los feligreses a trabajar, servir y mirar la realidad de quienes salen diariamente en busca de una oportunidad laboral que les permita sostener dignamente a sus familias.
“La gente busca un trabajo digno”, resaltó.
El mensaje adquiere especial fuerza al observar la realidad cotidiana de familias que dependen de un empleo para llevar el sustento a sus hogares.
El obispo de la Diócesis de Caacupé explicó que el dueño de la viña sale varias veces durante el día a buscar trabajadores. Para monseñor Valenzuela, esa figura representa a Dios, que no permanece encerrado, sino que sale al encuentro de las personas y las llama en distintos momentos y circunstancias.
La imagen también permite una lectura social. Hay personas que madrugan, recorren calles, entregan currículums, preguntan por vacancias y esperan durante semanas o meses una oportunidad laboral. Otras sobreviven mediante trabajos informales o pequeños emprendimientos, muchas veces sin la seguridad de un ingreso estable. Para ellas, acceder a un trabajo digno no es una cuestión secundaria, sino una necesidad diaria.
En este contexto, el llamado a una “Iglesia en salida”, al que hizo referencia Valenzuela durante su homilía, adquiere un significado concreto.
“No basta con hablar de quienes necesitan ayuda desde lejos. También implica acercarse a las familias que enfrentan dificultades económicas, a los jóvenes que buscan su primer empleo y a quienes quedaron al margen de las oportunidades”, expresó monseñor.
Mons. Valenzuela advierte sobre una sociedad marcada por la violencia y la indiferencia
El trabajo como camino de dignidadDurante su homilía, el obispo también lamentó la indiferencia frente al sufrimiento de los demás y mencionó situaciones en las que una persona necesita ayuda y otros deciden mirar hacia otro lado.
Desde esa perspectiva, el mensaje no se limita a la vida espiritual, sino que plantea la responsabilidad de una sociedad que debe ser capaz de acompañar a los más vulnerables.
Nadie debería quedar afueraOtro de los puntos destacados por monseñor Valenzuela fue la necesidad de llegar a las periferias, incluso a aquellos sectores donde existen problemas de adicción, pobreza y exclusión. Señaló que esas personas también forman parte de la “viña del Señor” y necesitan experimentar el acompañamiento de la comunidad.
Detrás de muchas situaciones de exclusión existen historias de familias, jóvenes y adultos que perdieron oportunidades y terminaron alejándose de los espacios donde podían encontrar apoyo.
El desafío, entonces, no consiste solamente en pedir que las personas trabajen. También obliga a preguntarse qué oportunidades existen para quienes quieren hacerlo y qué condiciones encuentran cuando finalmente consiguen un empleo.
Mons. Valenzuela explicó que Dios no mira únicamente el tiempo trabajado o los resultados obtenidos, sino la generosidad con que cada persona responde a su llamado. También agradeció a catequistas, integrantes de la liturgia, jóvenes, comisiones pastorales, consejos económicos y otras personas que dedican su tiempo al servicio de la Iglesia.
Sin embargo, la reflexión sobre la recompensa también permite plantear una cuestión concreta en la vida cotidiana: quien trabaja merece una remuneración justa por su esfuerzo. La dignidad del trabajador no debería depender de cuánto tiempo tuvo que esperar para conseguir una oportunidad.
San Francisco y una vida dedicada al servicioEn el marco del Año Jubilar Franciscano, monseñor Valenzuela recordó además la historia de San Francisco de Asís, quien renunció a los bienes materiales de su familia y eligió una vida marcada por la pobreza, la predicación y el servicio a los demás.
El ejemplo de San Francisco fue presentado como una muestra de que la verdadera recompensa puede encontrarse en una vida entregada al servicio y no necesariamente en la acumulación de riqueza
Mientras tantas personas buscan diariamente una oportunidad para trabajar, el desafío para la sociedad es evitar que quienes están esperando en la “plaza” queden olvidados, dijo el prelado.
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