
Rusia se ensaña con las grandes superficies comerciales ucranianas
“Llegué diez minutos después del ataque. El dron impactó en el centro del espacio comercial”, dice a EFE frente a los cerca de 8.000 metros cuadrados del Epicentr de la ciudad de Uman...
“Llegué diez minutos después del ataque. El dron impactó en el centro del espacio comercial”, dice a EFE frente a los cerca de 8.000 metros cuadrados del Epicentr de la ciudad de Uman, en el centro de Ucrania, Mikola Vasilenko, jefe de seguridad de esta gran superficie.
Vasilenko muestra en su móvil un vídeo del incendio provocado por el impacto, que tuvo lugar durante la madrugada del martes al miércoles después de que los trabajadores que preparaban la apertura corrieran a los refugios al declararse la alerta aérea.
“Llegaron cinco camiones de bomberos, pero debido a una nueva alerta aérea, a la que siguió otro ataque, tuvieron que parar”, relata el jefe de seguridad.
Cuando el cielo estuvo despejado de drones y los bomberos pudieron volver, todo el interior de la nave industrial había sido consumido por el fuego.
Los bomberos tenían buenas razones para pensar que la alarma iba de nuevo en serio. Una parte mucho más pequeña del Epicentr de Uman ya se quemó el 16 de octubre en otro ataque ruso a la zona que destruyó varios apartamentos en un edificio de residencial cercano.
Mientras dure la guerra, la firma ya no reconstruye grandes almacenes como el de Uman cuando los destruyen las fuerzas rusas, y apuesta por mantener su presencia con formatos más pequeños como los Epicentr Exprés, espacios con cafetería donde se venden productos de menor tamaño y pueden recogerse pedidos por internet.
Alrededor de 150 personas, entre personal fijo y contratados eventuales, trabajaban en el Epicentr de Uman, según cuenta su director, Andrí Savitski, un joven ejecutivo que acababa de hacerse cargo de su primer centro.
Según explica a EFE la directora de relaciones públicas, Yulia Chudnovets, la compañía ofrece puestos de trabajo, en zonas donde sus instalaciones todavía funcionan, a quienes han perdido el empleo por los ataques rusos. Pero acogerse a esta oferta implica irse a otra ciudad, un cambio que no todos están dispuestos a asumir.
Las instalaciones de la cadena, líder en su sector en Ucrania, son uno de los objetivos prioritarios de Rusia en esta fase de la guerra. Aún más esfuerzo que en destruir el Epicentr de Uman, víctima de dos ataques en un plazo de una semana, puso el Ejército ruso en acabar con el del barrio de Pochaina de Kiev, que fue golpeado este viernes con un misil balístico.
“En los últimos dos meses hemos tenido más destrucción que en toda la guerra”, dice Chudnovets. De las decenas de centros que Epicentr tiene en toda Ucrania, 19 han sido destruidos por completo y 14 han sufrido daños desde el comienzo de la invasión a gran escala.
Además de espacios comerciales, los ataques rusos han destruido los tres centros de almacenamiento y distribución que la compañía tenía en Ucrania. El último que quedaba, en la región de Jmelnitski, quedó en ruinas junto a todo el equipamiento de carga, descarga y procesamiento automático de productos el 13 de octubre.
La empresa apuesta ahora por no almacenar grandes cantidades de productos en un solo lugar y los proveedores que no han tenido que interrumpir su actividad tras sufrir también ellos ataques llevan sus productos directamente a los centros de venta.
“El enemigo intenta destruir los negocios porque sabe que son la base de la economía sobre la que un país se mantiene, y Epicentr es uno de los negocios más grandes de Ucrania, por eso nos atacan”, dice Chudnovets.
La actual campaña rusa está socavando además la normalidad cotidiana que en muchas zonas de Ucrania se ha conseguido preservar pese a la guerra.
Sobre todo en ciudades pequeñas donde la oferta de ocio ya era reducida incluso sin guerra, los Epicentr eran un lugar al que las familias acudían a hacer la compra, tomar café y pasar una parte del sábados o del domingo.
Éste era el caso de Pervomaisk, en la región sureña de Mikoláyiv, cuyo Epicentr fue destruido por completo por un dron ruso durante la tarde del martes, horas antes de que las llamas acabaran con el de Uman.
Como explica su director, Igor Poliakov, unas cuarenta familias podrían quedarse sin sustento y los habitantes de la ciudad han perdido uno de los espacios de normalidad que conservaban en medio de la guerra.
