
Playa del Trampolín de Ceuta, campamento improvisado donde 1.500 migrantes rehacen su vida
Son inmigrantes que formaron parte de la entrada masiva a nado desde Marruecos hasta la ciudad española el pasado 30 de julio, en la que participaron unas 72.000 personas, aunque la inmensa...
Son inmigrantes que formaron parte de la entrada masiva a nado desde Marruecos hasta la ciudad española el pasado 30 de julio, en la que participaron unas 72.000 personas, aunque la inmensa mayoría retornó a su lugar de origen.
El 80 % de las personas que están en el Trampolín son subsaharianos y entre ellos hay un grupo de unos 150 sudaneses que comenzó a organizarse por su cuenta para mantener limpia la zona en la que viven.
La estampa que ofrece actualmente el arenal poco tiene que ver con la de una playa utilizada únicamente como lugar de paso. Sobre la arena se levanta alrededor de una veintena de chozas, construidas artesanalmente por los inmigrantes con las cañas, ramas y otros materiales del entorno para protegerse del sol y disponer de un espacio propio.
Las estructuras parten generalmente de una armazón de cañas que se cubre con ramas, plásticos, telas y otros materiales. No todas tienen las mismas dimensiones: algunas apenas permiten cobijar a unas pocas personas y otras han sido preparadas para acoger a grupos de entre diez y quince.
Son construcciones frágiles y también una señal de que la estancia se está alargando más de lo que inicialmente estaba previsto. Dentro y alrededor de las chozas se acumulan las pertenencias de quienes las ocupan: bolsas, ropa, recipientes y otros enseres que convierten estos pequeños espacios en algo más que un refugio para pasar una noche.
Son lugares para dormir, descansar, guardar sus cosas y protegerse del exterior mientras continúan a la espera de conseguir la protección de España. No se trata de construcciones destinadas a permanecer, pero sí de refugios que sus ocupantes están mejorando y adaptando mientras esperan abandonar la playa.
Entre los residentes hay además iniciativas que tratan de hacer más llevadera la convivencia. El grupo de unos 150 sudaneses asumió voluntariamente parte de las labores de recogida de residuos y colabora en mantener limpia la playa, al margen de la brigada medioambiental que trabaja en la zona.
Quienes participan en esta tarea consideran que, aunque se trate de una situación provisional, el lugar se ha convertido en su hogar y quieren mantenerlo en las mejores condiciones posibles.
La población del Trampolín es diversa. Además de los subsaharianos, que constituyen la mayoría, hay inmigrantes de nacionalidad marroquí, argelina, yemení y tunecina. Todos comparten un espacio en una playa que, en cuestión de días, ha debido asumir funciones muy diferentes a las que tenía antes de la crisis migratoria.
En la explanada próxima se han instalado diez baños y unas treinta duchas, además de puntos de agua, y se han realizado trabajos de electricidad y alumbrado. También se ha habilitado una carpa para proporcionar sombra. Cruz Roja mantiene diariamente el reparto de alimentos y la atención sanitaria, con apoyo policial.
Ante la falta de espacio en el CETI de Ceuta, la playa se ha convertido en una solución de emergencia que, con el paso de los días, empieza a adquirir una apariencia más estable.
En medio de esa precariedad, la decisión de algunos de recoger los residuos y cuidar el entorno refleja el intento de hacer habitable un lugar en el que, por ahora, les ha tocado vivir.
