
Paraguay podría aumentar sus ingresos si eleva promedio de escolaridad a 12 años
De acuerdo con datos del Banco Mundial (BM), a nivel internacional, la educación por sí sola explica el 60% de las ganancias de ingresos registradas por el 20% más pobre de la población desde 1...
De acuerdo con datos del Banco Mundial (BM), a nivel internacional, la educación por sí sola explica el 60% de las ganancias de ingresos registradas por el 20% más pobre de la población desde 1980, lo que confirma su papel como principal mecanismo de movilidad social.
Desde una perspectiva económica, el capital humano se construye de forma acumulativa. Un niño que completa seis años de escolarización consolida una base en alfabetización y matemáticas, etapas iniciales esenciales para su posterior desempeño laboral. Cada año adicional de estudio amplía esa base hacia conocimientos más complejos, pensamiento crítico y mayor capacidad de adaptación, competencias indispensables en una fuerza laboral moderna. Este proceso no solo impacta en el individuo, sino que también incide en la productividad agregada de la economía.
En el caso de Paraguay, el Índice de Capital Humano ampliado (HCI+), dado a conocer recientemente por el BM, muestra que el principal rezago se concentra en el pilar educativo. En comparación con América Latina y el Caribe, el país presenta una puntuación educativa de 90, más distante respecto al promedio regional. Este dato sugiere que el sistema educativo constituye un cuello de botella para el desarrollo del potencial productivo del país.
Uno de los indicadores que evidencian esta brecha es el de Años Esperados de Preescolar. Paraguay registra 0,7 años, frente a 0,9 en América Latina y el Caribe, cifra que también coincide con el promedio de los países de ingresos medios altos (0,9). La diferencia, aunque aparentemente pequeña en términos absolutos, tiene implicancias relevantes. La educación inicial cumple un rol decisivo en la formación de habilidades cognitivas y socioemocionales que inciden en el desempeño posterior. Un menor acceso o permanencia en esta etapa compromete la trayectoria educativa futura y, en consecuencia, la productividad laboral.
El desafío no se limita al nivel preescolar. En tal sentido, aumentar los años esperados de escolarización de 9,6 a 12 años permitiría que los niños adquieran más habilidades y sean más productivos a lo largo de su vida laboral. Este incremento en la escolaridad promedio no solo elevaría los ingresos individuales, sino que tendría un efecto agregado significativo. Se estima que, en toda la población, estos avances podrían elevar los ingresos esperados en aproximadamente 17,0% a largo plazo.
Desde el punto de vista macroeconómico, una mejora de esta magnitud implicaría un aumento sostenido de la productividad total de los factores. Una fuerza laboral más capacitada tiende a incorporar tecnología con mayor rapidez, innovar con mayor frecuencia y adaptarse mejor a cambios estructurales en la economía. En un país que busca diversificar su matriz productiva y avanzar hacia actividades de mayor valor agregado, el fortalecimiento del capital humano resulta una condición necesaria.
Otro aspecto relevante que surge del HCI+ es la brecha de género. La puntuación para las mujeres en Paraguay es de 175, frente a 187 para los hombres. Esta diferencia de 12 puntos implica que, debido a desigualdades en la acumulación de capital humano, el potencial de ingresos de las mujeres será 12% menor que el de los hombres. En términos económicos, esta brecha representa una pérdida de eficiencia para el país, ya que limita el aprovechamiento pleno del talento disponible.
Cerrar esta brecha tendría efectos concretos sobre el desempeño agregado. Si la diferencia de género desapareciera, la puntuación global del HCI+ de Paraguay aumentaría de 181 a 187. Este salto reflejaría un incremento global de 6% en los beneficios futuros del país. En otras palabras, reducir las desigualdades en la acumulación de capital humano no solo es una cuestión de equidad, sino también una estrategia de crecimiento.
La evidencia presentada confirma que la educación y la acumulación de capital humano no constituyen únicamente un objetivo social, sino una inversión económica de alto retorno. En contextos donde el capital físico es limitado y el acceso al financiamiento es restringido para los sectores de menores ingresos, la educación se convierte en el principal motor para mejorar los ingresos y romper la transmisión intergeneracional de la pobreza.
Para Paraguay, el desafío consiste en ampliar la cobertura y calidad educativa, con especial énfasis en la primera infancia y en la permanencia escolar hasta niveles superiores. Al mismo tiempo, resulta clave reducir las brechas de género en la acumulación de capital humano. Las cifras del HCI+ muestran que el país cuenta con un margen significativo para mejorar su potencial productivo si logra cerrar estas brechas.
En conclusión, el capital humano se posiciona como el activo estratégico más relevante para la reducción de la pobreza y el crecimiento sostenible. La evidencia indica que invertir en más años de escolaridad y en mayor equidad educativa podría traducirse en aumentos de ingresos de largo plazo del orden de 17% y en mejoras agregadas de hasta 6% en los beneficios futuros del país.
* Este material fue elaborado por MF Economía e Inversiones.
