
“Nunca más otro Ycua Bolaños”: solidaridad, memoria viva y esperanza
Este sábado 1 de agosto, sobrevivientes, familiares y amigos de víctimas de la ...
Este sábado 1 de agosto, sobrevivientes, familiares y amigos de víctimas de la tragedia del Ycua Bolaños participaron de la conmemoración por los 22 años del incendio. El acto, realizado en el Memorial 1A- Ykua Bolaños, inició a las 11:00 de la mañana, con la lectura de un manifiesto. Entre rostros marcados por el tiempo, el dolor y el respeto, la concurrencia se unió en un profundo silencio para recordar a las víctimas del incendio ocurrido en 2004.
A las 11:20, hora en que oficialmente se originó el siniestro, volvieron a sonar las sirenas de los bomberos voluntarios, marcando el momento más solemne y emotivo de la conmemoración de aquel domingo en el que murieron más de 400 personas en la que es la peor catástrofe en tiempos de paz en Paraguay. El trágico hecho dejó además 300 sobrevivientes y 6 personas desaparecidas.
Tragedia del Ycuá Bolaños: A 22 años, la solidaridad se alza como resistencia frente a la avariciaDurante la ceremonia central, Christian Olmedo, integrante de la Coordinadora de Sobrevivientes y Familiares de Víctimas del Ycuá Bolaños, llevó a cabo la lectura del manifiesto en el que se recapitularon los años de lucha organizada, la persistente exigencia de justicia y el valor inquebrantable de mantener viva la memoria colectiva.
En la lectura del documento, señalaron que el dolor de aquella jornada se transformó con los años en una postura de resistencia ciudadana. Asimismo, repasaron los logros alcanzados gracias al esfuerzo sostenido de las familias y la sociedad civil. En el comunicado definieron la respuesta ciudadana como una postura política de resistencia frente a la avaricia y la mezquindad que causaron el desastre.
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“La solidaridad se convirtió en un acto de resistencia frente a la displicente indiferencia institucional y empresarial, mostrando que la sociedad civil puede generar lazos de apoyo en momentos de crisis”, señaló parte del texto leído.
El comunicado reconoció que las manifestaciones concretas de esta resistencia ocurrieron desde el primer momento, cuando vecinos y desconocidos se convirtieron en rescatistas improvisados ante el horror. La coordinadora destacó que la tragedia demostró que, aunque “la avaricia y la mezquindad pueden destruir vidas, la comunidad puede reconstruirse desde la solidaridad y la memoria compartida”.
Transición cultural en el Ycuá Bolaños: Del “oré” excluyente al “ñandé” comunitarioEl eje fundamental del manifiesto planteó una transición cultural necesaria dentro de la sociedad paraguaya tras el impacto del incendio. “Creemos que aún es posible pasar de una cultura del oré, excluyente y mezquino, al ñandé, más incluyente y comunitario”, señaló el comunicado.
“Queremos decirles que su gesto solidario no fue en vano, que quienes sobrevivieron, que la familias que perdieron a sus seres queridos y que toda la sociedad los reconoce y que gracias a ellas y a ellos se pudo sostener la vida en medio de la pérdida”, agrega el manifiesto en otra parte.
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La organización reconoció además que la cercanía solidaria de diversos sectores permitió que la lucha de los familiares alcanzara conquistas históricas tangibles. En ese sentido, los sobrevivientes y familiares de víctimas reconocieron que la gestión institucional de la memoria también forma parte de este engranaje comunitario impulsado por las organizaciones de afectados durante todo este tiempo.
Resaltaron el trabajo coordinado para la expropiación y el diseño del memorial. Este proceso administrativo y legal permitió transformar un “sitio de muerte” en un centro cultural abierto a la ciudadanía. La preservación del lugar garantiza que la verdad histórica permanezca accesible para el conjunto de la sociedad paraguaya, dijeron.
“Justicia a medias” y abandono estatal: El lapidario reclamo de sobrevivientes y familiares a 22 añosLiz Torres, sobreviviente y referente, denunció que el desastre ocurrió porque un sector priorizó las mercaderías y la estética del local por encima de la seguridad humana. Sostuvo que esta decisión constituyó “una expresión brutal de lo que significa cuando solo vale el capitalismo y no la vida de la gente”. Por esta razón, afirmó que la construcción de la memoria colectiva se mantiene como un derecho humano irrenunciable para los sobrevivientes.
En el ámbito judicial, Torres calificó el proceso como una “justicia a medias” debido a la “sumisión” del Poder Judicial al poder político. “En ese momento, para defender a Enrique Riera y a Martin Burt, que fueron los intendentes que habilitaron este tatacuá, este horno donde murió la gente, dividieron un solo hecho en tres causas judiciales“, expresó.
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Rubén Rojas, familiar de una de las víctimas, afirmó que en 22 años ningún presidente de la República pisó siquiera el lugar de la tragedia y sostuvo que la impunidad persiste estructuralmente. Denunció que un Poder Judicial “corrupto” provocó que numerosas causas prescribieran por mera caducidad temporal. Para Rojas, litigar durante décadas contra este sistema significó enfrentar el dolor con respuestas institucionales vacías.
Rojas enfatizó que la herida de los familiares sigue abierta ante la falta de respuestas definitivas y la existencia de seis personas que continúan desaparecidas. Pidió que las autoridades tomen medidas justas y necesarias para paliar el dolor de miles de afectados por el desastre. Concluyó señalando que, aunque el país es hermoso, la corrupción es cotidiana, por lo que su demanda central es obtener una paz con justicia que frene la impunidad.
