
“No puede ser ko, soy un expresidente de la República”: la queja de Santiago Peña antes de ser esposado
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Santiago Peña Palacios, de 47 años de edad, fue destituido ayer viernes 6 de noviembre de su cargo de presidente de la República por la vía del juicio político, por el escándalo financiero conocido ahora como el caso Ueno Bank, e inmediatamente después quedó detenido por orden del Ministerio Público (MP).
Inicialmente, la orden era que permaneciera en su domicilio de Asunción, pero ante los disturbios generados por manifestantes, la Policía Nacional (PN) tuvo que evacuar al expresidente hasta el Regimiento Escolta Presidencial (REP), donde pasó la noche con su esposa, la ahora ya también ex primera dama Leticia Ocampos Villate, de 48 años.
Hoy sábado 7 de noviembre, en horas de la mañana, el expresidente Peña fue llevado a la sede de la Fiscalía General del Estado (FGE), donde se llevó a cabo la audiencia de declaración indagatoria, en la que se abstuvo.
Trato preferencial a Peña en la Fiscalía generó molestiasEn la sede del Ministerio Público, el exmandatario ingresó en una camioneta por un acceso reservado, desde donde fue conducido sin esposas y con una discreta custodia hasta la sala de reunión del titular del Ministerio Público, dónde se hizo la audiencia.
Esta deferencia causó el enojo de varias personas que fueron perjudicadas por el caso Ueno Bank, que se manifestaron frente a la Fiscalía para exigir la devolución de su dinero y castigo para los responsables de esta situación.
Después de esa diligencia, Peña fue imputado por lesión de confianza y administración en provecho propio por los fiscales Christian Manuel Benítez Cáceres, Silvia Margarita González Vester, Elena Fiore Franco y Ruth Karina Benítez Benítez, quienes requirieron al Juzgado la aplicación de la medida de prisión preventiva.
Sin esposas y escoltado: manifestantes critican privilegios para Peña en Fiscalía
El argumento de la Fiscalía es que Peña “cuenta con solvencia financiera autónoma suficiente para sustraerse de la justicia ordinaria”, además de tener “logística, residencias y cuentas fuera de la jurisdicción nacional” y un “acceso inmediato a fondos líquidos no fiscalizados, aptos para financiar traslados o permanencia clandestina sin recurrir a cuentas locales bloqueadas”.
Los fiscales también advierten en su petitorio que “los tipos penales imputados, administración en provecho propio y sesión de confianza, configuran un marco de concurso que da hasta 15 años de privación de libertad” y que “la severidad inexcusable de la sanción esperada debilita el estímulo de sometimiento voluntario al proceso”.
Con esa postura férrea de los fiscales en su contra, el imputado Santiago Peña fue presentado esta tarde al juez penal de Garantías Especializado en Delitos Económicos Humberto René Otazú Fernández, en el edificio del Poder Judicial (PJ), siempre en la capital del país.
Traslado, en su camioneta blindada y con su jefe de seguridadPosteriormente, el expresidente fue llevado al Poder Judicial en su imponente camioneta Toyota Land Cruiser negra, blindada, conducida por un chofer militar, aunque también estaba a bordo del teniente coronel Óscar Armando Sostoa Martínez, quien al menos hasta hoy seguía desempeñándose como jefe de seguridad de Santiago Peña.
Justamente, el hecho de que conserve un custodio militar podría representar otra irregularidad, ya que Peña no solo fue destituido por mal desempeño de funciones, sino que además ahora es un prisionero con proceso abierto por corrupción.
En todo momento, el vehículo de Peña estuvo escoltado por varios móviles de la Policía, cuyos agentes fueron asignados para la seguridad y el traslado del detenido.
Según los datos obtenidos, Peña fue recibido por funcionarios de seguridad del Poder Judicial en el estacionamiento del subsuelo.
Peña caminó esposado desde el estacionamiento, en el ascensor y por el pasillo del edificioEn ese punto, que fue completamente despejado, Peña recibió la inesperada comunicación de que como es un procesado, debía ser esposado para entrar al despacho del juez, tal como establece el protocolo.
“No puede ser ko, soy un expresidente de la República”, respondió Santiago Peña cuando le pidieron que colocara las manos hacia atrás.
Después, lo convencieron de que sería solo por unos minutos, desde el ascensor hasta la entrada al despacho. Finalmente, aunque sin opción, Peña aceptó y llevó las manos hacia atrás y fue esposado por un policía.
Ese protocolo, que se cumplió también al terminar la audiencia, es obligatorio para el desplazamiento de cualquier procesado que cuente con medida restrictiva de libertad en el interior del Palacio de Justicia.
Como cualquier otro procesado, y pese a que 24 horas antes era todavía el presidente de nuestro país, Santiago Peña Palacios caminó esposado y escoltado desde el estacionamiento al ascensor y luego por el pasillo del cuarto piso de la torre norte del Poder Judicial, hasta que entró al despacho del juez Otazú y le retiraron la cadena de seguridad.
Oficialmente, no se permitieron tomar fotos o grabar videos del despalzamiento de Peña mientras estaba esposado, pero la impensada escena tuvo que haber sido grabada por las cámaras de seguridad del Poder Judicial.
En la oficina del magistrado ya lo esperaba su abogado, Ricardo Alberto Preda Del Puerto, con quien escucharon al juez Otazú cuando este les explicaba el procedimiento legal que iba a ser aplicado.
Así como en la Fiscalía, Peña se abstuvo de declarar en el Juzgado. Las fotos de su permanencia en el despacho fueron tomadas solo por el equipo de prensa del Poder Judicial y distribuidas a los medios de comunicación.
Tras la comparecencia, y con su suerte decidida, Santiago Peña Palacios se despidió de su abogado, fue nuevamente esposado y otra vez bajó así hasta el subsuelo del edificio, donde le retiraron la cadena de seguridad y lo entregaron de nuevo a su custodio militar y a los policías que lo regresaron al Regimiento Escolta Presidencial, donde permanecerá recluido.
Santiago Peña está en una suite y no en un calabozoLa medida de prisión preventiva ordenada por el juez Otazú debe ser cumplida en el Regimiento Escolta Presidencial, donde Santiago Peña ya permanecía preso desde anoche y donde tiene a disposición una especie de suite destinada a los presidentes en ejercicio, es decir, en uso de un beneficio que probablemente ya no le corresponde.
El lugar donde está recluido Peña se asemeja más a una costosa habitación de hotel que a un calabozo.
De acuerdo con fuentes militares, cuando llegó al REP y le preguntaron cómo se sentía, Peña contestó que iba a afrontar el proceso y que pretende luchar hasta lo último.
