
Murales de Jmelnitski preservan la memoria de los caídos y el color ante los ataques rusos
"Quería que la gente, en Ucrania y en el extranjero, supiera de mi marido y de cómo lo dio todo por protegernos", dijo a EFE Tamara Yanina, de 37 años, junto a un gran mural que represent...
"Quería que la gente, en Ucrania y en el extranjero, supiera de mi marido y de cómo lo dio todo por protegernos", dijo a EFE Tamara Yanina, de 37 años, junto a un gran mural que representa a Oleksí Yanin sobre la fachada de un edificio de varias plantas.
El soldado, retratado por la artista Olena Yanko, sonríe y parece montar guardia sobre la ciudad, donde la vida continúa pese a los ataques casi diarios de drones rusos contra la infraestructura, que persiguen el objetivo de dejarla sin electricidad o calefacción.
"El mural muestra su cara, pero está dedicado a todos los defensores de Mariúpol que ayudaron a Ucrania a sobrevivir el momento más difícil de la guerra", explicó Yanina, de quien surgió la idea.
Campeón mundial de "muay thai" e ingeniero eléctrico en la vida civil, Oleksí fue un francotirador del Regimiento Azov que en febrero de 2022 se unió a la defensa de la ciudad costera de Mariúpol, donde varios miles de soldados ucranianos resistieron durante casi tres meses contra unas fuerzas rusas muy superiores al inicio de la guerra.
El mural también representa la barca en la que se estaba desplazando Oleksí durante una misión de aprovisionamiento en medio de los combates urbanos cuando un misil ruso acabó con su vida y las de sus compañeros.
"Siempre decía que prefería morir como un guerrero que en algún accidente en la retaguardia. Por supuesto, esto no es lo que yo quería. Pero acepto su elección de vivir con dignidad y el legado inestimable que le dejó a nuestro hijo", dijo Tamara.
Su hijo, de siete años, sólo está procesando la pérdida por completo ahora y pregunta por qué otros niños de la escuela tienen padres y él no.
"A veces quiere mirar el mural, a veces no es capaz. A veces quiere a papá, a veces se siente dolido de que papá le haya dejado", relata la madre.
Por el camino hacia otros murales, cientos de fotos de hombres sonrientes en uniformes militares jalonan la avenida central de la ciudad. Entre los recordados está Andrí Tomchishin, que contribuyó a la transformación de Jmelnitski, en los años anteriores a la guerra, con la creación de algunos de sus murales más icónicos.
Uno de ellos, que reemplazó una representación de una hoz y un martillo -un símbolo soviético que hoy se asocia en Ucrania a la subyugación a Moscú-, muestra a una figura tradicional ucraniana, un cosaco, tocando el kobza, un instrumento de cuerda de la música popular.
Otros murales pintados por Tomchishin y otros artistas evocan tiempos más pacíficos: una niña en un columpio, un hombre que toca el saxofón o una mujer con el traje típico de la región histórica de Podolia.
Muchos de estos trabajos se originaron en el festival de arte República, que aspiraba a llenar la ciudad con más colores. Su director, Andrí Zoin, ahora dirige iniciativas similares en otros puntos de la región, para ayudar a veteranos de guerra y artistas a lidiar con la realidad y a preservar al mismo tiempo las tradiciones locales.
El propio Tomchishin no pudo continuar su labor, pues cayó en combate en la región oriental de Donetsk a principios de 2025. Sin experiencia militar previa, se había alistado porque quería proteger a su mujer e hijos de la invasión rusa.
Fue por esa razón -para que su propio hijo pudiera vivir libremente en su país, aprender la historia ucraniana y hablar la lengua ucraniana- por la que también luchaba Oleksí, señaló Tamara.
Pese a enfrentarse a otro invierno frío con cortes de electricidad y a su decepción con algunos de los aliados extranjeros de Ucrania, que según ella disputan por recursos en lugar de pensar en las personas en Ucrania, está convencida de que la ciudad y sus habitantes no se rendirán.
"Rendirnos ahora sería traicionar todo aquello por lo que mi marido luchó", subrayó Tamara.
