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Mil días sin casa: familias desplazadas sobreviven en tiendas de campaña en Gaza

"La única diferencia entre nosotros y los animales es que ellos no hablan. Vivimos del mismo modo", lamenta Munawar al Raai, de 60 años y conocida como Um Mohamed. Es natural de Yuhor al D...

"La única diferencia entre nosotros y los animales es que ellos no hablan. Vivimos del mismo modo", lamenta Munawar al Raai, de 60 años y conocida como Um Mohamed. Es natural de Yuhor al Dik, un pueblo en el valle del río Gaza (centro de la Franja) que fue destruido por completo por el Ejército de Israel en 2024 y cuyos restos permanecen hoy dentro de la "línea amarilla", en el 70 % del territorio que sigue bajo ocupación militar israelí.

"Al comienzo de la guerra salí del valle de Gaza hacia la playa, desde ahí bajamos a Al Zaitún, y cuando invadieron la escuela en la que nos refugiábamos, salimos por Al Halabat hacia Al Magasi. Desde Al Magasi llegamos aquí, a Deir al Balah, donde seguimos en una tienda de campaña", relata, rodeada de algunos de los 25 niños de su familia a los que ahora trata de dar clase.

"Todo nuestro ánimo ha desaparecido, incluso nuestra esperanza. Nuestros hijos no están recibiendo una educación como la del resto de niños. Vivimos sin comida, sin bebida, sin estabilidad, sin descanso. Vivimos en la calle, en una casa que no es una casa", añade, mientras dos de sus nietas dibujan la casa de la que huyeron.

"Lo más difícil de todo lo que he experimentado en mi vida han sido estos últimos 1.000 días. Envío un mensaje a todo el mundo: ¿acaso soportaríais vivir en la calle durante mil días, sea verano o invierno? Durante el gélido invierno, solía ver a mis hijos congelarse de frío. En verano vivimos como si estuviéramos en saunas. ¿Lo soportaríais?", pregunta.

También en Deir al Balah vive Anas al Nagla, herido de bala en dos ocasiones y desplazado hasta seis veces a lo largo de estos 1.000 días de éxodo forzoso. Su travesía particular empezó en junio de 2024, cuando las fuerzas israelíes entraron en Rafah.

"Fuimos los últimos en irnos, en toda la zona no quedábamos más que nosotros y los tanques", recuerda, con sus tres hijos al lado.

Solo en el primer mes y medio se desplazó cuatro veces. "En algunos de los días que nos desplazamos lo hicimos a pie, y había gente de buen corazón que nos llevaba en furgonetas de transporte, pero en dos ocasiones caminamos", explica.

"Estos 1.000 días de sufrimiento que se cumplen hoy no han sido solo 1.000 días de sufrimiento, sino también una muerte sangrienta, destrucción. Estos 1.000 días han sido una catástrofe para todo el pueblo palestino", afirma.

Pese al tiempo transcurrido, Al Nagla no se resigna a la vida en la tienda de campaña. Sus hijos se han acostumbrado y apenas recuerdan ya su casa anterior, pero él quiere devolverlos algún día a la vivienda que construyó con tesón, con cerámica importada de Egipto que colocó él mismo.

"Esa casa me costó mucho esfuerzo. Derramé mi sangre por ella. Yo no era como los demás, que esperaban a que su padre o su tío les construyeran una casa", cuenta.

"Recuerdo la puerta de la casa, recuerdo la entrada, recuerdo los divanes. Los dormitorios, los recuerdo; y recuerdo a los niños sentados jugando por la tarde en el patio, justo delante de la casa", solloza.

Esa distancia entre el recuerdo de los padres y el olvido de los hijos es, para Al Nagla, una de las heridas más profundas de estos 1.000 días. "Me sorprende que los niños no crean que vamos a volver. Me dicen: 'Nos hemos convertido en árabes nómadas, como los beduinos, que van de una zona a otra'", relata, mientras sirve un plato de mudárdara, un potaje de arroz con lentejas, a sus pequeños.

"Mil días sin hogar. Quien lo sepa y esté en silencio no es un ser humano. Son mil días, no una hora, dos horas, un mes o dos meses. Mil días sin tener dónde caer mientras tú sigues con tu vida", concluye.

Fuente: https://www.abc.com.py/internacionales/2026/07/02/mil-dias-sin-casa-familias-desplazadas-sobreviven-en-tiendas-de-campana-en-gaza/

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