
Los adolescentes rusos pierden una oportunidad de oro de desligar su futuro de la guerra
"¿Quién quiere una manzana?", preguntaba el lunes un chico en voz alta, mientras repartía esa fruta entre los concentrados frente al edificio del Tribunal Supremo.Debido a l...
"¿Quién quiere una manzana?", preguntaba el lunes un chico en voz alta, mientras repartía esa fruta entre los concentrados frente al edificio del Tribunal Supremo.
Debido a la censura policial, los rusos se comunican con símbolos. Pedir la paz directamente puede acarrear varios años de cárcel, y una paloma es demasiado obvia; así que durante algunos días la paz se tradujo en una manzana, el significado de Yábloko en ruso.
El resultado fue una larga cola de gente con la boca llena y en la mano una manzana mordisqueada, que esperaron pacientemente durante horas hasta que la Justicia excluyó a Yábloko de las elecciones legislativas de septiembre.
La gran mayoría de rusos reunidos el lunes a los pies del tribunal eran jóvenes que apenas llegaban a los 20 años, incluidos muchos menores de edad. Una chica de 14 años escondió su cara detrás de un folio cuando un agente de seguridad de incógnito le trató de grabar el rostro.
La adolescente, que ni tiene edad para votar por Yábloko, no se dio cuenta que el papel estaba lleno de firmas y frases contra la guerra de Ucrania. Como para muchos otros, era su primera vez. Su estreno en un acto político.
Un policía se le acercó justo después de la escena, que parecía un acto de protesta. "Eres muy joven como para estropearte la vida", le respondió tras averiguar su edad. "Por estas cosas es posible que no puedas salir del país", añadió amenazante.
"El problema es la gente de más o menos más de cincuenta años, que ni piensan en absoluto como pensamos nosotros. Parece que no piensan en nosotros. Normalmente son los que votan a Rusia Unida (considerado el partido del presidente ruso, Vladímir Putin)", declaró una asistente de 19 años a EFE.
Un chico que seguía en directo el juicio en su teléfono móvil tuvo que interrumpir la retransmisión por vídeo porque le llamó su madre, preocupada por qué tal estaba, pero éste la tranquilizó.
"Tenemos todos náuseas", añadía, sutilmente, el título de un libro que portaba una de las personas que esperaba la resolución judicial.
Los jóvenes, que se hicieron ilusiones con la sana idea de que un partido pacifista les representara en las urnas, sufrieron un duro revés al enterarse de la decisión final del juez. "¡Vergüenza!", gritaron desgañitándose.
Durante los últimos días, la formación política se viralizó y ganó cientos de miles de seguidores en las redes sociales, al tiempo que aumentaba su popularidad en encuestas independientes. La manzana se puso de moda.
Hasta que la policía mandó desalojar la calle amablemente "en dos o tres minutos". De lo contrario, "esta vez nadie podrá ir a sacarles de la oficina de reclutamiento militar", alertó un agente con megáfono, que amenazó así con enviar a montones de chavales a proteger la frontera o, en el peor de los casos, a la guerra.
Poco antes, durante la vista judicial, el presidente de Yábloko, Nikolái Ribakov, defendió que los jóvenes que apoyan al partido lo hacen "porque quieren vivir en Rusia y no quieren que los maten".
Casi nadie quiere hablar con la prensa, mucho menos ante una cámara. Las fuerzas de seguridad rusas han acallado durante años las voces disidentes y cultivado la autocensura.
"Espera, voy a preguntar a la IA", contestó una joven tras pedirle una entrevista. "No", responde tras unos segundos de consulta en su teléfono, mientras un adolescente pasea con camiseta, gorra y bandera del partido de la manzana.
Pero sí hablaron entre ellos, compartieron sus opiniones y conocieron a gente que piensa parecido. Esto ya de por sí es poco habitual en Rusia, donde así son ahora las protestas -gente reunida comiendo fruta-, aunque es posible que la mayoría de los asistentes todavía ni se hayan dado cuenta de lo que estaban haciendo.
Muchos de ellos apenas conocen a Yábloko, un partido veterano de la política rusa desde su formación en los años noventa, aunque siempre con representación minoritaria. Les basta con que rechace la guerra y el oscuro futuro que les promete el Kremlin.
