
La impresionista estadounidense Mary Cassatt vuelve a París cien años después de su muerte
El Museo de Orsay, templo de referencia en la capital francesa de la pintura del siglo XIX y comienzos del XX, se encarga de alojar esta muestra, que se podrá visitar desde mañana y hasta ...
El Museo de Orsay, templo de referencia en la capital francesa de la pintura del siglo XIX y comienzos del XX, se encarga de alojar esta muestra, que se podrá visitar desde mañana y hasta el 31 de enero de 2027, y que lleva por título 'Mary Cassatt, l'indépendante' ('Mary Cassatt, la independiente'), haciendo honor a la determinación que marcó su carácter y su vida.
"Soy independiente", repetía ella, "puedo vivir sola y me gusta trabajar".
La exposición comprende unos 80 cuadros, pasteles y grabados que recorren toda su carrera, reconocida sobre todo por sus retratos de la maternidad y de niños. Así lo ilustran en París obras como las delicadas 'Jeune fille au banjo' ('Joven con banjo'), de 1894, o 'Le bain de soleil' ('El baño de sol'), pintado entre 1898 y 1899.
Cassatt, nacida en Allegheny City (ahora Pittsburgh) en 1844 y fallecida en Francia, en Le Mesnil-Théribus, en 1926, tenía claro desde joven que quería ser artista.
Comenzó a formarse para ello en su país, a pesar de la oposición de sus padres -pertenecientes a una familia rica y respetable- a que se convirtiera en profesional y a la preocupación por la exposición de su hija a las ideas bohemias de los círculos creativos.
No solo siguió adelante con su idea sino que en 1866 se mudó por primera vez a París, la gran capital mundial del arte, donde acabó por encontrar su lugar entre los círculos del impresionismo.
La independencia fue el principio director que rigió su vida, como celebra la exposición del Museo de Orsay trazando una línea desde sus obras de juventud hasta su compromiso activo con el sufragio femenino en las últimas décadas de su vida y con los derechos de las mujeres.
Además de integrante del movimiento como artista, de participar en sus exposiciones y salones y de entablar amistad con figuras como Edgar Degas, Cassatt fue también un nexo de unión entre los impresionistas y los coleccionistas americanos, realizó retratos por encargo y logró la suficiente capacidad financiera para comprarse e instalarse ella sola en el palacete de Beaufresne (Oise) en 1894.
Era algo muy poco visto en la época, pero ella ya había realizado otra gesta aún mayor justo antes, entre 1892 y 1893, cuando gracias a un encargo para la Exposición Universal de Chicago logra, en tan solo seis meses, acabar la creación más monumental entre todas las obras impresionistas: 'Modern Woman', la decoración de un pabellón dedicado al progreso de las mujeres.
Desaparecida poco después, aquella obra era un gigantesco tríptico de 4 metros de alto y 18 metros de largo que presentaba a mujeres ocupadas en practicar el arte, aprender y mantener su prestigio y cuyos detalles se podrán descubrir en Orsay gracias a la proyección de un pequeño filme sobre aquel proyecto.
