
Historia de vida: cuando la educación se convierte en vocación
La familia de educadores está radicada hace años en Fuerte Olimpo. Ambos son licenciados: Enrique Arias y su esposa Efigenia González López. El hombre ocupa el cargo de director departamental ...
La familia de educadores está radicada hace años en Fuerte Olimpo. Ambos son licenciados: Enrique Arias y su esposa Efigenia González López. El hombre ocupa el cargo de director departamental del Alto Paraguay, en tanto que la mujer logró acceder al banco de datos del concurso de oposición realizado por el Ministerio de Educación y Ciencias.
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Es entonces cuando se presenta la posibilidad de que la educadora también pueda trabajar. El lugar donde deberá impartir educación a los niños se denomina Karanda’yty y se ubica casi en pleno monte del Chaco, rodeado de pequeñas estancias, distante a unos 240 kilómetros del casco urbano de Fuerte Olimpo.
Al lugar se puede llegar en vehículo solo en época de sequía, pues apenas llegan las lluvias los improvisados senderos que sirven como camino quedan totalmente intransitables, y solo transitan por el sitio los tractores y los caballos. En la zona se carece de servicios básicos como la energía eléctrica y el agua potable.
La oferta económica de trabajo en dicho lugar es de dos rubros de primera, por un monto cercano a los G. 6.000.000, y deberá impartir clases a unos 15 niños del primero al sexto grado, siendo la licenciada la única maestra que deberá trabajar en un improvisado ranchito de karanda’y, que funciona como la escuelita, donde de manera diaria llegan a caballo los hijos de los peones de las estancias de los alrededores.
La decisión tomada por la pareja de educadores, de no rehusarse a esta oferta de trabajo en las condiciones adversas en las que deberá impartir educación, la maestra, lejos de todas las comodidades mínimas del hogar, y por sobre todo por la separación temporal de la pareja, demuestra que de verdad aún se puede percibir la vocación en el arte de la educación.
OdiseaEn la mañana de este domingo, bien temprano, el educador procedió a cargar en el interior de su camioneta las pertenencias de su pareja y de su pequeño hijo, que está acompañando a su madre en esta odisea en pos del desarrollo de la educación en favor de numerosos niños olvidados de estos parajes chaqueños.
El profe Enrique, como todos lo conocen, aprovechó también la ocasión para alzar en su vehículo los útiles escolares distribuidos por el MEC, para llevarlos a los escolares de aquella lejana población rural.
Tras dejar el camino principal e internarse en los senderos que conducen hacia la zona de Karanda’yty, comenzaba la odisea para buscar superar las enormes huellas del paso de los tractores, que se encontraban con agua. A pesar de que la camioneta poseía el sistema 4x4, luego de seis largas horas de arduo trabajo ya era imposible continuar el viaje en el vehículo.
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Fue entonces cuando apareció la caballería: padres de familia, entre ellos algunos niños, montados a sus caballos para realizar el transbordo y, además de llevar la carga, encargarse de que la maestra y su hijo puedan llegar finalmente a su lugar de trabajo, donde desde mañana martes deberá impartir educación, tras cabalgar más de tres horas bajo el ardiente sol chaqueño.
En tanto, tras lograr sacar del barro la camioneta, el educador emprendía el regreso a Fuerte Olimpo, dejando atrás a su pareja e hijo, a quienes no podrá ver de manera frecuente debido al lugar donde se encuentran. El educador dijo que fue una decisión bastante difícil, primero por la separación familiar y, por sobre todo, por la precaria situación social donde deberá vivir y trabajar su esposa.
En el transcurso de la semana la licenciada Efigenia estará enviando algunas fotos de la escuelita donde desde mañana trabajará con los 15 escolares, que funcionará en el sistema de plurigrado, de aula extensiva dependiente de la Escuela N.º 5868 Dr. Andrés Rivarola, de la localidad de Toro Pampa, la comunidad más cercana del lugar, distante a unos 100 km.
