
"Generaciones de la paz", una memoria en español que resiste en el Sáhara
"Este es un espacio apolítico, para reunir a los antiguos amigos españoles y saharauis que compartieron aquellos años", explica a EFE el presidente de la Asociación, Mohamed Salem Laarou...
"Este es un espacio apolítico, para reunir a los antiguos amigos españoles y saharauis que compartieron aquellos años", explica a EFE el presidente de la Asociación, Mohamed Salem Laarousi.
En una típica vivienda colonial de los años 40, una casa "huevo" como se conocen popularmente las pocas construcciones españolas que quedan en El Aaiún, coronadas por una cúpula blanca para protegerse de las temperaturas del desierto, un puñado de alumnos del Colegio de La Paz en los últimos años de la colonia española se reúne para recibir a EFE.
"Aquí al lado había un cuartel con un zoológico. Había un mono y pasábamos a verlo después de clase. Nos lanzaba piedras, ¿te acuerdas?". El zoo del cuartel de artillería era una atracción para los niños de la época. Como el cine "Las Dunas", la piscina -hoy cerrados- o los paseos de los domingos, después de la paella, el potaje, o el "cuscús" del viernes, recuerdan.
"En algunas casas se hablaba entre hassanía -el dialecto saharaui- y español". Hoy, la asociación trata de mantener la memoria de la cultura de la época, da clases de español y rescata fotografías históricas.
Sus miembros eran niños y adolescentes cuando, en 1975, España abandonó el Sáhara Occidental -entonces considerada su provincia 53- en los estertores de la dictadura de Francisco Franco, y Marruecos lanzó la Marcha Verde y asumió el control del 80 % del territorio.
¿De dónde salió la idea de crear la asociación? De la necesidad de recuperar la memoria, la cultura y a los amigos, coinciden. "Contando siempre con todo el mundo, sin distinción de razas ni de nada, todo el mundo es bienvenido", explica Sidi Hmeiduch.
"Se formó para preservar la lengua española, hay mucha gente que ha estudiado en colegios españoles y muchos españoles. Estamos haciendo un esfuerzo muy grande para poder fortalecer el español en El Aaiun", apunta Mohamed Salem Laarousi. "Pasamos de política, no tenemos ningún problema con nadie, lo importante es mantener la cultura española, la hermandad de todos", insiste.
"Antes, te encontrabas por la calle con alguno de los compañeros de promoción, hablabas en español y siempre decías "joder, coño, dónde te has metido", y al final terminaron por llamarnos los "joder, coño", recuerda otro de los antiguos alumnos de La Paz, el colegio español del Aaiun que todavía permanece abierto.
"Queríamos mantener los lazos, el contacto con todo el mundo" y dar paso a los más jóvenes "para que esto pueda seguir adelante", coinciden.
La huella del español ha quedado en el hassania -el dialecto saharaui-, con palabras como nevera (nivera), cuchara, tenedor, mesa, manzana, cañón, chicle, cama, sábana, manta, galleta o camión, apunta Jeya Emboirik.
Profesor de español, es hijo de la "primera" Josefa saharaui, presume. Su madre llegó a El Aaiun procedente de Mauritania y era una famosa cantante en hassania en la colonia española. Su nombre era difícil de pronunciar para los españoles y se adaptó al sonido de Josefa, que pasó a ser la "faraona saharaui", recuerda.
Ahora hay unas cuantas "Josefas", bromea Emboirik que rescata expresiones que todavía se usan entre los saharauis de El Aaiun incluso cuando hablan en hassania, como "porque digo yo".
La herencia española se conserva también en la gastronomía. Desde la paella, al potaje, el bocadillo, la tortilla y hasta la ensaladilla rusa.
¿Y la tortilla, cómo se hace en el Aaiún? "Con cebolla, por supuesto" responde Tagbal Daouiui, que luce el tradicional melfa saharaui y que tuvo que dejar los estudios tras la retirada de los españoles.
¿Y la paella? "Con todo, con frutos de mar, con queso...", responde. ¿Qué añora de la época? "Seguir estudiando", dice sin dudarlo.
Cristina Camacho, una madrileña que pasó parte de su adolescencia en el Aaiún, vuelve cada año para reencontrarse con sus amigos. Es parte de los "asirocados", bromean los saharauis, "es por el viento del siroco, porque hay que estar asirocado para querer volver".
La experiencia fue un éxito. Como ella, cuenta, muchos españoles regresan para mantener viva la memoria.
"Sentía nostalgia de esta gente, que no tienen nada y te lo dan todo. No he visto gente más generosa. Y lo he vuelto a encontrar ahora. Cuando te dan la bienvenida te la dan con el corazón".
