
Entre transparencia y ambigüedad: el nuevo dilema de los bancos centrales
Históricamente, la autoridad de los ...
Históricamente, la autoridad de los bancos centrales se sustentó en la percepción de que contaban con un conocimiento excepcional sobre la economía. Durante gran parte del siglo pasado, figuras como Montagu Norman defendieron bajo la máxima de “nunca explicar, nunca excusar“, mientras que Alan Greenspan perfeccionó el “Fedspeak”, un lenguaje técnico y al mismo tiempo, deliberadamente ambiguo.
Hasta 1994 fue que la Fed comenzó a anunciar sus decisiones sobre las tasas de interés, lo que inició una nueva etapa comunicativa. Este giro hacia una mayor transparencia se basó en las teorías de Michael Woodford, quien argumentó que el gasto económico responde más a las expectativas de las tasas que a la tasa overnight actual, es decir, la tasa de interés que se aplica a operaciones financieras realizadas por el plazo de un día y refleja el costo de acceder a fondos de muy corto plazo.
Esta evolución dio lugar a dos conceptos técnicos fundamentales: la “Teoría Maradona” y los compromisos de tipo “Odiseico”. Mervyn King propuso la primera, en la cual sugiere que, al igual que el futbolista argentino, un banco central puede lograr que los mercados se ajusten simplemente mediante la expectativa de su trayectoria, sin necesidad de ejecutar movimientos reales en las tasas de referencia.
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Por su parte, tras la crisis de 2008, la Fed adoptó una postura “Odiseica”, con la cual se vinculó simbólicamente al “mástil” de tasas de interés cercanas a cero durante periodos prolongados para estimular la recuperación.
Sin embargo, el exceso de transparencia y el uso del forward guidance (orientación futura) revelaron vulnerabilidades importantes. La fijación de umbrales específicos, como el nivel de desempleo del 7% propuesto por Mark Carney durante su gestión en el Banco de Inglaterra, demostró sus limitaciones cuando los indicadores macroeconómicos divergieron de las proyecciones, lo que implican rectificaciones que erosionan la credibilidad institucional.
Asimismo, la Fed enfrentó un problema similar entre 2020 y 2021 al calificar la inflación como “transitoria”, lo que ancló las expectativas del mercado a un escenario que quedó rápidamente obsoleto y provocó que las tasas se mantuvieran bajas por demasiado tiempo.
Por ello, la gestión de Warsh representa una ruptura con este activismo comunicativo. Bajo su mando, los comunicados de política monetaria se redujeron a menos de la mitad de su extensión previa (de 340 palabras a menos de 170) y se eliminó el forward guidance. Warsh optó por no presentar sus propias proyecciones de tasas, y describe los pronósticos de sus colegas como estimaciones escritas a lápiz acompañadas de “grandes borradores”.
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Esta postura se fundamenta en una humildad técnica, que reconoce que la Fed no posee un conocimiento absoluto y que los mercados financieros, en su función de descubrimiento de precios, pueden aportar información valiosa.
No obstante, esta estrategia de silencio táctico conlleva riesgos significativos. La falta de claridad en tiempos de volatilidad puede introducir una prima de riesgo adicional asociada a la política monetaria.
El análisis técnico sugiere que, para que una comunicación sea efectiva, la institución debe poseer una credibilidad ganada con esfuerzo, similar a la de Robert Rubin con el “dólar fuerte” o Mario Draghi con su compromiso de hacer “lo que sea necesario” para preservar el euro.
Finalmente, el arte de la comunicación de los bancos centrales radica en el equilibrio entre informar lo suficiente y no excederse. Mientras Warsh intenta que el mercado realice su propio análisis fundamental de la economía, el éxito de su experimento dependerá de si esta ambigüedad es percibida como una muestra de prudencia o como una carencia de dirección estratégica.
En última instancia, la reputación de los bancos centrales se consolida no por su capacidad de hablar, sino por su consistencia y confianza ante choques económicos imprevistos.
* Este material fue elaborado por MF Economía e Inversiones.
