Generales Escuchar artículo

Entre miradores, guitarras y palacios: los tesoros eternos de Granada

Hay ciudades que se visitan y ciudades que se habitan con el alma. Granada pertenece sin duda al segundo grupo. Recorrer esta joya de Andalucía a finales de verano, cuando el calor intenso del est...

Hay ciudades que se visitan y ciudades que se habitan con el alma. Granada pertenece sin duda al segundo grupo. Recorrer esta joya de Andalucía a finales de verano, cuando el calor intenso del estío comienza a dar tregua y las tardes regalan una brisa dorada y amable, se convierte en un reencuentro profundo con la historia y con el arte monumental.

En esta nueva entrega de ABC Travesías, nos adentramos en unas calles que huelen a jazmín nocturno, a té moruno y a leña de olivo; donde los colores estallan entre el blanco impoluto de las casas del Albaicín, el verde intenso de los cipreses y los tonos rojizos de una tierra que un día fue el último refugio de Al-Ándalus, nombre que recibió el territorio de la península ibérica bajo el dominio musulmán entre los años 711 y 1492.

Moverse por Granada al propio ritmo, sin más brújula que la curiosidad, permite sintonizar con el murmullo constante del agua que baja fresca de Sierra Nevada (3.479 msnm) y el eco lejano de una guitarra flamenca que gime en las entrañas del barrio gitano.

Día 1: El pulso cristiano, los templos colosales y el atardecer desde San Nicolás

El viaje comienza en el corazón mismo de la ciudad, donde el ambiente de finales de septiembre mantiene la alegría vibrante en las terrazas. Al caminar por las inmediaciones de la Gran Vía y la Plaza Nueva, el bullicio envuelve al visitante de inmediato entre fachadas históricas y comercios tradicionales.

La majestuosidad de la Catedral y San Jerónimo

La primera parada monumental lleva a la Catedral de Granada, una obra maestra del Renacimiento español ordenada por los Reyes Católicos. Su fachada imponente da paso a un interior de una blancura sobrecogedora donde la luz oblicua de la tarde se filtra a través de vidrieras monumentales, iluminando el altar mayor y las capillas laterales. A pocos pasos, unida por la historia y la devoción, se encuentra la Capilla Real, el reposo eterno de los monarcas Isabella I de Castilla y Fernando II de Aragón.

Caminando hacia la zona norte, se llega al Real Monasterio de San Jerónimo, el primer monasterio erigido en la ciudad tras la conquista cristiana.

Cruzar su umbral es adentrarse en un oasis de paz monástica. Su iglesia deja sin aliento: un despliegue barroco y renacentista donde no hay un solo centímetro libre de ornamentación, relieves y retablos dorados, un testimonio fiel del esplendor espiritual de la época.

El ritual del tapeo y la puesta de sol en San Nicolás

Al caer la tarde, con el descenso suave de las temperaturas típico de esta época del año, el estómago avisa y llega el momento de sumergirse en la cultura del tapeo granadino, donde con cada consumición se obsequia una generosa tapa tradicional en los bulliciosos mesones locales.

Con las energías renovadas, vale la pena emprender la subida hacia el emblemático Mirador de San Nicolás, en lo más alto del barrio del Albaicín.

El gentío se congrega allí cada tarde con una mezcla de reverencia y asombro para despedir el día. Cuando el sol comienza a descender tras las montañas, tiñendo de oro y fuego los muros de la Alhambra y haciendo que las cumbres lejanas resplandezcan en tonos rosados, un artista local suele entonar las primeras notas de una seguiriya flamenca con su guitarra, generando una atmósfera irrepetible frente a una de las postales más famosas del mundo.

Día 2: Callejones con historia, el eco del Sacromonte y las alturas de San Miguel el Alto

El segundo día se presta para perderse deliberadamente por la trama urbana. No hay mejor mapa para el Albaicín que equivocarse de callejón. Sus cármenes —viviendas tradicionales con huerto y jardín rebosantes de vegetación estival—, sus placitas escondidas y sus teterías de aire norteafricano transportan al viajero a otra dimensión temporal.

Bajando hacia el cauce del río Darro, se recorre el emblemático Paseo de los Tristes, custodiado muy de cerca por las murallas de la Alhambra que se alzan imponentes sobre el desfiladero. Es un placer detenido observar los talleres de artesanía locales y los antiguos puentes de piedra que cruzan el agua.

El compás flamenco del Sacromonte

Por la tarde, la ruta asciende hacia el Sacromonte, el histórico barrio gitano famoso por sus casas cueva excavadas en la roca arcillosa. El Sacromonte es la cuna visceral del flamenco de Granada, la célebre zambra gitana.

Al caer la noche, acudir a un tablao íntimo excavado en la piedra permite descubrir que la música de Andalucía deja de ser un concepto abstracto: se convierte en zapateo firme, en quejíos desgarradores que brotan del pecho y en una energía colectiva que electriza el ambiente.

El espectáculo desde el Mirador de San Miguel el Alto

Para coronar la jornada, la caminata puede extenderse hasta el Mirador de San Miguel el Alto, situado todavía más arriba que el tradicional San Nicolás.

Este enclave, menos masificado, ofrece una panorámica radicalmente abierta y privilegiada. Desde allí, contemplar la puesta de sol mientras los últimos rayos dorados barren la ciudad entera, el caserío del Albaicín y la inmensidad de la Alhambra recortada contra el horizonte serrano es un espectáculo visual inigualable.

Día 3: La ciudad palatina de La Alhambra y los jardines del Generalice

Antes de emprender cualquier paso por este destino, conviene tener presente una advertencia fundamental: la joya de la corona, La Alhambra, no admite improvisaciones. La demanda es tan inmensa —especialmente a finales de verano, cuando la temporada alta aún mantiene su pulso— que las entradas vuelan con semanas o meses de anticipación.

No dimensionar semejante caudal de visitantes suele terminar en apuros; conseguir el pase a última hora, apenas un día antes, exige una auténtica odisea de esfuerzo, nervios y milagros de disponibilidad. Lo ideal, por supuesto, es planificarlo con mucha antelación para asegurar el acceso sin sobresaltos.

El tercer día está reservado por completo para la joya monumental de Andalucía. La caminata hacia La Alhambra corona la colina de la Sabika para deslumbrar a cualquier visitante con esta ciudad palatina andalusí que parece detenida en el tiempo.

Para visitar el complejo existen diferentes modalidades de entrada. Por un lado, se puede adquirir la entrada general, que otorga acceso completo a todo el recinto. Sin embargo, también se ofrece itinerarios parciales que permiten la visita por sectores.

¿Qué es La Alhambra y el Generalice y cómo se divide?

La Alhambra no es solo un palacio; es una ciudad amurallada completa que funcionó como la corte del Reino Nazarí. Su nombre proviene del árabe Al-Hamra (la roja), debido al tono de sus murallas exteriores al atardecer. Para comprenderla a fondo, se divide en cuatro grandes áreas imprescindibles:

La Alcazaba: La zona militar y la parte más antigua del complejo. Sus torres vigías, como la Torre de la Vela, ofrecen las mejores vistas cenitales sobre el caserío de Granada y la vega bañada por la luz de septiembre.

Los Palacios Nazaríes: El corazón político y artístico del reino. Aquí se encuentran estancias de una delicadeza inenarrable donde la piedra tallada imita el encaje textil. Destacan el Patio de los Arrayanes, con su gran alberca reflectante, y el célebre Patio de los Leones, un prodigio de proporciones rodeado por 12 leones de mármol que sostienen la fuente central.

El Palacio de Carlos V: Una imponente estructura renacentista de planta cuadrada y un sorprendente patio circular columnado en su interior, mandada a construir por el emperador, que contrasta fuertemente con la arquitectura islámica circundante.

El Generalife: Situado en la colina contigua, constituía la villa de recreo y descanso estival de los sultanes. A finales del verano, sus huertos escalonados, surtidores y acequias se llenan de una quietud especial, convirtiéndose en una sinfonía de agua, fuentes y vegetación aromática diseñada para estimular todos los sentidos.

Recorrer este recinto monumental permite detenerse horas frente a un artesonado de mocárabes, admirar la perfección geométrica de los azulejos o cerrar los ojos en los patios para escuchar el correr del agua exactamente igual a como lo hacían los reyes hace ochocientos años.

Granada nos despide con el fresco de finales de verano acariciando las cumbres y el perfume del azahar impregnando el aire. Un destino imprescindible que demuestra que la historia de la piedra y el agua deja una huella imborrable en la memoria de quien la transita.

Fuente: https://www.abc.com.py/nacionales/2026/11/01/entre-miradores-guitarras-y-palacios-los-tesoros-eternos-de-granada/

Comentarios
Volver arriba