
Entre 16% y 23% de la población adulta aún piensa en dejar el país, pese a expansión económica
De acuerdo con los datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la evolución del porcentaje de personas de 18 años y más que ha pensado en ir a vivir a otro país, ...
De acuerdo con los datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la evolución del porcentaje de personas de 18 años y más que ha pensado en ir a vivir a otro país, desagregada por nivel educativo, permite identificar con mayor precisión qué grupos sociales perciben mayores limitaciones en el país y cuáles encuentran mejores oportunidades para desarrollarse sin necesidad de emigrar.
Los datos muestran tres trayectorias diferenciadas: la población con primaria completa o incompleta, la que cuenta con secundaria completa o incompleta y aquella con educación superior completa o incompleta. Cada una de ellas expresa una relación distinta entre educación, expectativas laborales y evaluación de las condiciones estructurales del país.
Es de mencionar que la definición metodológica de la Corporación Latinobarómetro, precisa que el indicador de la “Población que ha pensado en migrar a otro país, por nivel educativo” se calcula como el porcentaje de personas de 18 años y más que afirma haber pensado seriamente en ir a vivir al extranjero, sobre el total de la población de ese grupo etario, multiplicado por 100. Las estimaciones se basan en encuestas de opinión realizadas por dicha institución. En ese sentido, no solo miden una conducta potencial, sino una percepción profunda sobre la calidad de vida y las perspectivas de desarrollo dentro del país.
A comienzos de la década de 2000, los niveles de intención migratoria resultaban elevados, en especial entre quienes contaban con educación secundaria y superior. En 2002, el 28% de la población con secundaria y el 40% de quienes tenían educación superior afirmaban haber pensado en emigrar. La brecha con el grupo de primaria era significativa, ya que este último se ubicaba en 17%. Este patrón refleja que, en contextos de limitadas oportunidades laborales calificadas, los sectores con mayor formación perciben con mayor claridad la posibilidad de mejorar su situación económica en el exterior.
Entre 2003 y 2005, la intención migratoria se mantuvo alta. En 2004, el 39% de las personas con secundaria y el 42% de las de nivel superior manifestaban esa idea. En 2005, aunque la proporción en el nivel superior descendió a 30%, el grupo de secundaria seguía en 35% y el de primaria ya alcanzaba 23%. Este período coincide con una etapa de recuperación económica aún frágil, donde el crecimiento no se traducía plenamente en empleos de calidad ni en mejoras sostenidas del ingreso real.
A partir de 2006 se observa un punto de inflexión. En ese año, los valores cayeron a 12% en primaria, 26% en secundaria y 21% en superior. La tendencia descendente se profundizó en los años siguientes. En 2008, la proporción de personas con primaria que pensó en emigrar fue de apenas 6%, mientras que en secundaria fue de 14% y en superior de 22%. En 2009 y 2010, los niveles se mantuvieron relativamente bajos, con cifras de un solo dígito para primaria y alrededor de 13% a 15% para secundaria y superior. Este comportamiento sugiere un período de mayor estabilidad económica y una percepción más positiva sobre la posibilidad de progreso dentro del país.
Sin embargo, esta mejora no fue lineal ni permanente. En 2011 se registra un repunte significativo: 23% en primaria, 27% en secundaria y 20% en superior. El aumento simultáneo en los tres grupos apunta a un deterioro general de las expectativas, más allá del nivel educativo. A partir de allí, los datos muestran una fase de relativa moderación. Entre 2013 y 2015, los porcentajes se ubicaron en torno a 11% a 17% para primaria, 13% a 24% para secundaria y 16% a 28% para superior. Aunque inferiores a los máximos de comienzos de los 2000, estas cifras revelan que la intención migratoria se mantuvo como una preocupación estructural.
En el período más reciente, la dinámica vuelve a mostrar tensiones. En 2018, el 17% de la población con primaria, el 24% con secundaria y el 23% con superior pensó en emigrar. En 2020, el impacto de la pandemia se refleja con claridad: primaria 10%, secundaria 18% y superior 28%. Este último valor resulta especialmente relevante, ya que evidencia que casi tres de cada diez personas con educación superior consideraban la posibilidad de dejar el país, una señal directa de la fragilidad del mercado laboral calificado.
Los datos de 2023 y 2024 confirman que la intención migratoria no ha desaparecido. En 2023, los valores fueron 16% en primaria, 22% en secundaria y 25% en superior. En 2024, se observa 16% en primaria, 27% en secundaria y 23% en superior. El nivel de secundaria alcanza uno de los registros más altos de la serie reciente, lo que indica una presión creciente sobre los sectores que poseen formación media y enfrentan dificultades para insertarse en empleos formales y bien remunerados.
A modo de remarcar, la evolución histórica muestra dos rasgos centrales. Primero, la intención de emigrar es sistemáticamente más alta entre quienes cuentan con mayor nivel educativo, lo que sugiere un problema estructural de absorción del Capital Humano. Segundo, los ciclos económicos y los shocks externos tienen un impacto directo sobre las expectativas de permanencia en el país. Cuando la economía ofrece señales de estabilidad y crecimiento, la intención migratoria disminuye. Cuando esas señales se debilitan, el deseo de buscar oportunidades en el exterior reaparece con fuerza.
* Este material fue elaborado por MF Economía e Inversiones.
