
El 'tsunami del Himalaya' en ocho imágenes de dos semanas de tragedia en Nepal
Estas son algunas de las imágenes recogidas por EFE durante los primeros catorce días de la catástrofe, desde quienes tuvieron apenas minutos para correr hasta quienes, dos semanas despu?...
Estas son algunas de las imágenes recogidas por EFE durante los primeros catorce días de la catástrofe, desde quienes tuvieron apenas minutos para correr hasta quienes, dos semanas después, todavía cavan bajo tierra en busca de supervivientes.
El 26 de agosto a las 9.00 Sazal Shrestha recibe una llamada desde uno de los pueblos ya destruidos, avisa a la escuela donde trabaja y sale corriendo por el mercado.
"Corría por todo el mercado gritando con todas sus fuerzas para que todos corrieran y se salvaran", recuerda su amigo Libes Raj Shakya, que está cerrando las tiendas cuando ve llegar el agua. "Tuvimos solo tres minutos para escapar. Cuando estábamos cerrando las tiendas e intentando salir, el agua ya venía detrás de nosotros".
Shrestha consigue volver a su casa, sube a su padre, que no puede caminar, a una motocicleta y lo lleva hasta una zona elevada. Después regresa por su madre, pero la riada ya se ha llevado la casa.
Sentado a pocos kilómetros de la zona cero, Kedar Nath Parajuli ya está planeando regresar a casa.
El hombre, que pasa de los 90 y se presenta como amante de las plantas, acaba de sobrevivir cerca de una hora atrapado en la parte alta de un edificio en construcción, hasta que la Policía consigue sacarlo con una cuerda asegurada alrededor del cuerpo.
Antes de marcharse deja una petición. "Ese barro déjenlo allí. Cuando vuelva, lo pondré en macetas y plantaré flores", asegura. Su familia calcula que tardarán meses en poder regresar, pero él solo repite: "Tengo que volver. Volveré".
En un hospital de Katmandú, una pared se cubre con las caras de los desaparecidos, fotografías de pasaporte, selfies y retratos familiares impresos deprisa. La madre de Bishal Nepali llega hasta la fotografía de su hijo, se aferra al muro, acaricia la cara impresa de su hijo, la besa, y le pide que vuelva.
Sus familiares la apartan, pero ella regresa y vuelve a besarla.
En la principal morgue de Katmandú hay otra pared. Allí aparecen fotografías de cuerpos que nadie ha reconocido y de las señales que podrían devolverles un nombre, una cicatriz, una pierna encontrada entre el barro.
En una pared están quienes faltan; en la otra, muertos que todavía no tienen nombre.
En el crematorio de Pashupatinath, junto al río Bagmati, dos figuras hechas con hierba kusha descansan sobre una pira en el lugar que deberían ocupar los cuerpos de Shyam Bahadur Pun y Chausara Pun.
La cabeza, los brazos y las piernas de paja yacen arropados entre flores e incienso. "Como no hemos podido encontrar sus cuerpos, hemos preparado una representación de ambos", explica uno de los participantes mientras las figuras arden.
Mientras, en Betrawati, unos rescatistas escuchan un "sálvenme" dentro de una casa de cuatro plantas casi sepultada bajo el barro. Es Chandika Kumari Shrestha, de 64 años, cuya familia ya ha comenzado los ritos funerarios y preparado también una figura de kusha para representar el cuerpo que cree perdido.
Después de 10 días, los rescatistas tardan unos 45 minutos en sacarla viva.
En Gokarna hay que atravesar primero el verde perfectamente cortado de un campo de golf y después internarse en un bosque, entre monos y ciervos, hasta que aparecen tierra recién abierta, una excavadora, alambradas y pequeños números clavados sobre las sepulturas.
Allí se entierran cuerpos completos y fragmentos humanos que nadie ha podido identificar. Si algún día aparece una coincidencia de ADN con una familia, pueden volver al bosque, localizar la sepultura y abrir nuevamente la tierra.
Por ahora sobre la tierra los números están casi pegados. La Policía explica que debajo hay restos humanos pequeños, partes de cadáveres sin nombre recogidos si saber a quien pertenecen.
Sanjay Sah sale vivo de un túnel de la central hidroeléctrica Upper Trishuli 3A con la cara cubierta de barro, cargado sobre la espalda de un rescatista. Kabir Maharjan aparece en una camilla y, sin poder hablar, junta las manos en un namaste. Los equipos han necesitado 9 días solo para recuperar la entrada sepultada de las instalaciones.
Los dos llevan 10 días y nueve noches bajo tierra.
Cuando ya han pasado dos semanas, Arnold Dix llega a Nepal para buscar supervivientes bajo tierra.
El especialista australiano conocido como el "hombre de los túneles" explica a EFE que algunas galerías inundadas pueden conservar espacios con aire, agua e incluso algo de alimento capaces de sostener vida durante días.
En una de las centrales cerca de la frontera con China, la instalación de la superficie prácticamente ha desaparecido, pero debajo queda un espacio donde alguien todavía podría estar vivo.
No sabe si hay alguien allí, pero por eso sigue buscando. "Lo que tenemos que hacer es cavar", explica.
