
El esplendor íntimo de María Antonieta y Luis XVI en el castillo de Fontainebleau
El vasto castillo, situado a unos sesenta kilómetros de París, era la residencia de otoño de los monarcas. Allí pasaban cada año entre cinco y ocho semanas, coincidiendo con la temporad...
El vasto castillo, situado a unos sesenta kilómetros de París, era la residencia de otoño de los monarcas. Allí pasaban cada año entre cinco y ocho semanas, coincidiendo con la temporada de caza y con el cumpleaños de la reina, y ambos tenían un cariño muy especial a esa residencia.
"Luis XVI, como todos los Borbones, es un gran cazador y, por eso, Fontainebleau le resulta muy querido. Es un lugar especialmente importante para él", explica Marie-Christine Labourdette, que preside la institución.
La exposición 'María Antonieta y Luis XVI en Fontainebleau' permite adentrarse en esa esfera privada de la pareja a través 124 pinturas, esculturas, muebles, textiles y objetos de arte prestados, entre otros, por el museo del Louvre, la Biblioteca Nacional de Francia, el Museo Calouste-Gulbenkian de Lisboa y el Cooper Hewitt Smithsonian Design Museum de Nueva York.
"El hilo conductor -explica Labourdette- es poner de manifiesto la modernidad que la pareja real optó por adoptar al encargar obras para Fontainebleau. Incorporaron aquí a artistas jóvenes y con talento que crearon decoraciones muy innovadoras, muy alejadas del repertorio decorativo de Versalles".
Entre esos artistas estaban el arquitecto Pierre Rousseau, los pintores Touzé, Bourgois y Berthélémy, y el escultor Roland, que "inventaron un nuevo lenguaje" inspirado tanto en el arte antiguo como en el refinamiento de las mansiones parisinas.
La muestra se abre con un retrato de Luis XVI con traje de coronación pintado por Duplessis, junto al famoso busto de María Antonieta esculpido por Félix Lecomte en 1783.
Después recorre los espacios donde se desplegaba la vida cortesana, desde los gabinetes privados hasta los salones destinados a las ceremonias y la representación del poder.
Entre ellos figuran el gabinete turco y el gabinete de plata de la reina, el gran gabinete de María Antonieta y el gabinete de tocador del rey, cuyos decorados conservados permiten acercarse al gusto artístico de la monarquía.
En Fontainebleau, Luis XVI reunía a sus consejeros y ejercía sus funciones de gobierno, pero también cazaba y jugaba a las cartas. En la muestra se puede ver la baraja personal del monarca junto a unas páginas en el que escribió de su puño y letra los nombres de sus rivales de juego.
En cuanto a María Antonieta, que en la época era odiada en la corte y detestada por buena parte de sus súbditos que la consideraban frívola y derrochadora, deja ver en esta exposición otras facetas de su personalidad.
"Descubrimos a una mujer sensible a su entorno, que impone con delicadeza tanto sus gustos como su forma de habitar los espacios -dice Labourdette-. Presta atención a la decoración, pero también a la comodidad y a lo que más adelante denominaremos 'el arte de vivir'".
Es una María Antonieta a la que le gustan las historias de aventuras, apasionada por el arte y melómana. La reina toca el arpa, organiza personalmente los conciertos en Fontainebleau y hace venir músicos de Italia.
La exposición se adentra también en el teatro, la música, las costumbres de la corte y las transformaciones de la sociedad francesa a finales del siglo XVIII, hasta llegar a la ruptura revolucionaria que puso fin a aquel mundo.
Comisariada por Muriel Barbier, directora del patrimonio y las colecciones del castillo, y Jean Vittet, conservador general de Fontainebleau, la exposición se integra en una programación dedicada a María Antonieta y Luis XVI que incluye conciertos, visitas y actividades especiales, además de un ciclo cinematográfico y un fin de semana de conferencias previsto para el 28 y 29 de noviembre.
