
El dilema juvenil marca las legislativas en Marruecos a menos de tres semanas
Debido a esas dos circunstancias, sumadas al habitual desinterés de los jóvenes por las consultas electorales, el dilema de la juventud se erige como uno de los temas centrales de estos co...
Debido a esas dos circunstancias, sumadas al habitual desinterés de los jóvenes por las consultas electorales, el dilema de la juventud se erige como uno de los temas centrales de estos comicios en un país donde tres millones de ciudadanos de entre 15 y 29 años ni estudian ni trabajan.
En las próximas elecciones, a las que están llamados 15,8 millones de votantes de una población de 37 millones, se elegirán los 395 diputados de la Cámara de Representantes, la cámara baja del Parlamento.
En Marruecos, para poder votar no basta con la mayoría de edad, sino que es necesario inscribirse en unas listas electorales gestionadas por la Ministerio del Interior, la autoridad encargada de la organización de las elecciones.
El pasado jueves, una delegación de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa (APCE) criticó que el número de personas inscritas en estas listas está muy por debajo de la población en edad de votar, y en particular el hecho de que los jóvenes no representen más del 3 % de los inscritos.
En la actual composición de la Cámara baja, los diputados menores de 35 años representan apenas el 8,3 %, a pesar de los esfuerzos legislativos tendidos para aumentar este porcentaje.
Durante la actual campaña electoral, el Partido Autenticidad y Modernidad (PAM, gobernante), por ejemplo, sitúa a los jóvenes como su segunda prioridad entre cinco ejes, justo después del poder adquisitivo. Su objetivo es integrar a la juventud en la enseñanza, la formación profesional y un empleo digno.
El partido reconoce la situación degradada en la que se encuentra este colectivo y subraya, en un documento en el que detalla su programa electoral, que "la cuestión juvenil es la mayor y más urgente de la próxima etapa".
En el texto, el PAM señala que la tasa de desempleo en el tramo de 15 a 24 años alcanza el 29,2 % y que unos 300.000 escolares abandonan cada año las aulas sin cualificación.
Además, admite que esta situación genera "un sentimiento creciente en toda una generación de que el horizonte está cerrado, que se manifiesta en fenómenos como la pérdida de confianza y el aumento de la migración".
La coalición gubernamental saliente -RNI (que preside el Ejecutivo desde septiembre de 2021), PAM y PI- ostenta una mayoría cómoda de 269 diputados (más de dos tercios), frente a una oposición débil.
A pesar de los buenos indicadores macroeconómicos de Marruecos, este avance no se traduce en beneficios para la juventud. El producto interior bruto ha registrado un crecimiento notable en los últimos años y superó ya los 180.000 millones de dólares, mientras que la economía creció un 4,6 % el año pasado.
Esta situación desencadenó protestas juveniles lideradas por el colectivo GENZ212 (generación Z marroquí), que comenzaron el 27 de septiembre pasado con manifestaciones en todo el país para exigir que el crecimiento económico se traduzca en mejoras sociales y beneficie también a los jóvenes y a los sectores más vulnerables.
Las movilizaciones derivaron, debido a la represión, en algunos actos de violencia que dejaron tres muertos, cientos de heridos y más de 2.400 procesados. Esta escalada represiva neutralizó el movimiento e impidió que se consolidara como la voz política de la juventud.
Casi un año después, decenas de miles de jóvenes protagonizaron a finales de julio una entrada masiva en la ciudad autónoma española de Ceuta en busca de un futuro mejor, una avalancha migratoria que, según organizaciones de derechos humanos, dejó más de 140 muertos y colapsó la urbe, a la que accedieron de forma ilegal tantos migrantes como habitantes tiene, unos 80.000.
Según los resultados de una encuesta realizada en 2024 por la prestigiosa red de investigación 'Arab Barometer', el 55 % de los jóvenes marroquíes de entre 18 y 29 años manifestó su deseo de emigrar.
El politólogo marroquí Ahmed Bouz advierte en declaraciones a EFE que no habrá solución para el dilema de la juventud "mientras una parte significativa de ella permanezca fuera del mercado laboral o atrapada en empleos precarios".
Para Bouz, la clave está en pasar de "políticas dirigidas a la juventud" a políticas que integren a los jóvenes en el diseño mismo de las estrategias económicas. Y recuerda que el reto es "reconstruir la relación entre juventud y política" para que sientan que tienen cauces reales de expresión y decisión.
