
Del naufragio a la memoria: historia de una sobreviviente del Miryam Adela
Ña Berni (66), como todos la conocen en Fuerte Olimpo, nos comenta que por aquel entonces ella vivía con sus padres en la localidad de Toro Pampa, perteneciente a este distrito del Chaco, pero e...
Ña Berni (66), como todos la conocen en Fuerte Olimpo, nos comenta que por aquel entonces ella vivía con sus padres en la localidad de Toro Pampa, perteneciente a este distrito del Chaco, pero estudiaba en un internado religioso en la localidad de Puerto Casado.
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Una familia amiga de sus padres le propuso visitar Asunción, para luego volver a su lugar de estudio. Tras disfrutar de varios días de alegría por la capital del país, ya era momento de regresar al Chaco, por lo que en compañía de la misma familia que la acogió, compuesta por un matrimonio y sus cinco hijos, abordaron la embarcación Miryan Adela el día jueves 9 de febrero de aquel año, con destino a Puerto Casado.
Como la embarcación era de carga y pasajeros, necesariamente quedaba en cada puerto para realizar los servicios de alzar y bajar tanto personas como mercaderías. Así llegaron al día siguiente al puerto de Concepción y, tras permanecer por algunas horas, retomaron viaje hacia la Región Occidental.
“Ya en horas de la tarde, prácticamente de la nada, se dio una especie de aguacero y el cielo comenzó a oscurecerse; inmediatamente el viento empezó a soplar con mucha intensidad, lo que produjo que todos nos asustáramos, pues la embarcación comenzaba a tambalearse de ambos costados, como anticipando lo que ocurriría luego”, nos relata la sobreviviente.
“Estábamos en medio del río, por lo que gritábamos al capitán para que pudiera acercar el barco hacia la orilla, y es lo que intentó hacer el tripulante, pero la fuerza del viento fue mayor y, en cuestión de segundos, la embarcación se volcó o se recostó hacia uno de los lados, comenzando los gritos de socorro y desesperación”, nos comenta la mujer.
No sabía nadarAl quedar de costado el barco, este comenzaba a hundirse lentamente. “Yo logré salir por una de las ventanillas hacia arriba y allí un hombre me ayudó a llegar hasta la punta del barco (proa), que aún se podía visualizar; sin embargo, en cuestión de minutos el barco se estaba hundiendo por completo”.
“En ese instante pensé que moriría, ya que no sé nadar", nos relata doña Berni, “pero por milagro el agua atrajo hasta mí un colchón al cual me aferré fuertemente; en ese momento, el barco parecía como si saliese de nuevo a la superficie, para luego desaparecer por completo en las profundas aguas del río”, añade.
“El colchón comenzó también a hundirse, pues se estaba mojando todo por mi peso; en tanto, yo no paraba de rezar y, en varias ocasiones, del susto, no terminaba mis oraciones, hasta que sentí que algo chocaba contra mi cuerpo en ese momento de desesperación; era una caja de madera de esas utilizadas para almacenar cervezas en botellas”.
Sucedía otro milagro. “Me agarré a la caja con la cual me pude sujetar, hasta que pude divisar un grupo de personas aferradas a lo que era el timón y a una parte de madera que se desprendió del barco; fue entonces cuando de la nada una niña se me tiró por el cuello fuertemente, en tanto que algunos hombres nos ayudaron a subir a ese trozo de madera”, menciona con tanta claridad la mujer, como si el hecho hubiese sucedido recientemente.
“Finalmente llegó hasta nosotros una pequeña embarcación de esas que transportan karanda’y (palmas); nos alzaron y nos llevaron hasta la orilla. Luego llegó al lugar un remolcador que procedió a iluminar con sus grandes reflectores el oscuro lugar; nos alzaron precisamente en ese barco para darnos los primeros auxilios, antes de llevarnos de nuevo a la ciudad de Concepción”, comenta.
Hechos que impactaronEn medio de los gritos de dolor, propios de la desesperación, ña Berni nos comenta que lo que más le dolió de aquel momento fue ver cómo morían varios niños y mujeres embarazadas que viajaban en el barco, algo que hasta ahora y, a pesar de haber pasado 48 años, sigue tan latente en su memoria, dice la mujer.
De los siete integrantes que formaban parte de la familia con la que viajó a la capital del país, solo se salvó uno de los hijos, aferrado a una guitarra que tenía a mano. “Al llegar a la orilla intentó de nuevo tirarse al río, pues toda su familia había desaparecido”, relató apenada la entrevistada.
La sobreviviente dijo que su salvación es un verdadero milagro, pues a pesar de no saber nadar, Dios le dio una nueva oportunidad de vida; por eso cada 10 de febrero lo celebra como si fuera su cumpleaños, pues volvió a nacer.
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“Mis padres no se enteraron de forma rápida de lo acontecido, atendiendo que en aquel tiempo era difícil la comunicación; no había sistemas telefónicos, todo era por radio BHF. Es más, cuando mi familia se enteró de lo sucedido, a mi mamá le contaron que yo había fallecido, por lo que ellos estaban preparando el velatorio en la localidad de Toro Pampa”, cuenta.
“Hasta que finalmente les llegó la buena noticia, y fueron traídos en avión por los directivos de la empresa de Carlos Casado hasta el lugar donde me estaba reponiendo del susto y de los golpes que recibí; el reencuentro fue realmente muy emocionante”, nos dice finalmente la mujer.
Tras lo acontecido, Benigna decidió unir su vida con su pareja y actual compañero de toda la vida, don Eulalio, y al año siguiente de la tragedia llegó el primero de los cuatro hijos que tuvieron como pareja; actualmente son comerciantes y viven en Fuerte Olimpo.
En la embarcación Myrian Adela viajaban 150 pasajeros y varias toneladas de carga; la tragedia dejó como saldo la muerte de 113 personas, entre ellas varias mujeres y niños. La desgracia sucedió a unos 76 kilómetros aguas arriba de Concepción, en medio del río, en el lugar denominado Kemmerich.
