
CURUPAYTY: 160 años de una victoria que quedó grabada en la memoria del Paraguay
Hay lugares donde la historia no necesita demasiadas palabras para hacerse presente. Curupayty es uno de ellos. A 160 años de aquella jornada, su nombre continúa evocando uno de los episodios má...
Hay lugares donde la historia no necesita demasiadas palabras para hacerse presente. Curupayty es uno de ellos. A 160 años de aquella jornada, su nombre continúa evocando uno de los episodios más trascendentes de la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870).
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En este territorio de Ñeembucú, el ejército paraguayo logró rechazar el gran ataque de las fuerzas de Argentina, Brasil y Uruguay, en una batalla considerada la mayor victoria paraguaya de aquella guerra.
La profesora Vicenta Miranda Ojeda, historiadora y gestora cultural de Humaitá, rescata los acontecimientos de aquella jornada a partir de fuentes históricas, entre ellas los relatos de Natalicio Talavera, corresponsal de guerra de la época, y la recopilación realizada posteriormente por el militar y escritor Juan Crisóstomo Centurión.
Una batalla que comenzó a prepararse días antesCurupayty no comenzó el 22 de septiembre. La batalla empezó a gestarse muchos días antes, cuando las fuerzas aliadas avanzaban con la mirada puesta en la fortaleza de Humaitá, considerada entonces una de las principales posiciones defensivas paraguayas.
Después del combate de Curuzú, ocurrido el 3 de septiembre de 1866, la defensa de Curupayty pasó a convertirse en una cuestión decisiva. El mariscal Francisco Solano López dispuso entonces el fortalecimiento de las posiciones defensivas.
El diseño y la construcción de las obras estuvieron vinculados al trabajo de los ingenieros que prestaban servicios al ejército paraguayo, entre ellos el cartógrafo austrohúngaro Francisco Wisner de Morgenstern y el ingeniero inglés Jorge Thompson.
Sin embargo, José Eduvigis Díaz tuvo un papel fundamental en la concepción y ejecución de la defensa. Según el relato transmitido por la tradición histórica, Díaz cuestionó el diseño de Thompson y planteó al mariscal López que la defensa debía adaptarse a las características reales del terreno.
En una de esas conversaciones, según la versión recogida por Miranda, Díaz habría expresado en guaraní:
“Ipora la papel ári la defensa, pero péicha nda jajokomóa’i a los camba”, dando a entender que el diseño podía verse bien sobre el papel, pero que de esa manera no sería suficiente para detener a las tropas aliadas.
Díaz pidió entonces que se le confiara la preparación de la defensa y el mariscal López depositó su confianza en él.
La trinchera llegó a extenderse aproximadamente 2.200 metros. En apenas catorce días se levantó una formidable línea defensiva, de unos cuatro metros de ancho y tres metros de profundidad.
En el interior de las zanjas fueron colocadas los abatíes (madera con punta) y posiciones defensivas protegidas con elementos naturales, entre ellos ramas y hojas de árboles, que ayudaban a camuflar las posiciones paraguayas.
El sitio era conocido por la abundancia de árboles de curupa’y, de donde deriva el nombre Curupayty. Actualmente, solamente sobrevive un ejemplar de curupa’y junto a la antigua zanja que formó parte de la trinchera paraguaya.
14 días para preparar la defensaLa dimensión de aquella obra resulta difícil de imaginar en la actualidad. Alrededor de 5.000 hombres trabajaron durante jornadas extenuantes para abrir zanjas, levantar defensas y preparar el terreno. Lo hicieron en condiciones adversas, entre lluvias, barro y zonas anegadas, mientras las fuerzas aliadas se encontraban cada vez más cerca.
La profesora Vicenta Miranda rescata precisamente esa dimensión humana de la batalla.
“Nosotros consideramos que esta batalla es la gloria del ejército paraguayo”, afirma al recordar aquellos acontecimientos.
Para Miranda, Curupayty constituye un episodio excepcional por la combinación de estrategia, preparación del terreno y capacidad de resistencia de los combatientes paraguayos.
La lluvia, que inicialmente podía parecer un obstáculo para quienes construían las defensas, terminó desempeñando también un papel decisivo. Las condiciones del terreno dificultaron el avance de las tropas aliadas y favorecieron a quienes conocían las posiciones defensivas.
Según Miranda, el ataque estaba previsto inicialmente para el 17 de septiembre, pero las inclemencias del tiempo obligaron a postergarlo.
“Las fuentes históricas señalan que varios intentos de ataque fueron postergados debido a las lluvias y al terreno anegado, dando tiempo a los paraguayos para completar las fortificaciones. El ataque debía realizarse el 17 de septiembre”, explicó.
El 21 de septiembre, las obras defensivas estaban prácticamente terminadas. El general José Eduvigis Díaz comunicó entonces al mariscal López que la posición estaba preparada para enfrentar el ataque.
El 22 de septiembreEn la mañana del 22 de septiembre comenzó el movimiento de las tropas aliadas.
Una poderosa escuadra brasileña apoyaba desde el río Paraguay el ataque terrestre, mientras una fuerza estimada en unos 20.000 hombres avanzaba hacia las posiciones defendidas por aproximadamente 5.000 paraguayos. Los aliados contaban, además, con una importante superioridad artillera.
Durante horas, la artillería brasileña castigó las posiciones paraguayas. Desde el río, los buques de guerra bombardearon las defensas.
Sin embargo, cuando cesó el fuego y las tropas comenzaron a avanzar sobre el terreno, se encontraron con una realidad muy diferente de la que esperaban.
Las trincheras seguían allí y, detrás de ellas, estaban los soldados paraguayos.El general José Eduvigis Díaz aguardó hasta que las fuerzas atacantes estuvieron dentro del alcance efectivo de sus armas. Entonces comenzó la respuesta paraguaya.
El terreno pantanoso, las zanjas, los obstáculos y las fortificaciones convirtieron el avance aliado en una tarea extremadamente difícil. Las columnas quedaron expuestas al fuego de la artillería y de la infantería paraguaya.
Los ataques se sucedieron. Una y otra vez, las tropas aliadas intentaron aproximarse a las posiciones paraguayas. Una y otra vez fueron rechazadas. Alrededor de las cuatro de la tarde se ordenó la retirada. El campo de batalla quedó sembrado de muertos y heridos.
Las cifras de las pérdidas aliadas se elevaron a cerca de 10.000. Las fuerzas paraguayas, tuvo una baja de 92 muertos y heridos.
Más allá de las diferencias estadísticas, existe un hecho que permanece: el ataque de una fuerza muy superior numéricamente no consiguió conquistar las trincheras de Curupayty.
Curupayty quedó inseparablemente ligada al nombre de José Eduvigis Díaz. El militar paraguayo ya había participado en importantes enfrentamientos de la guerra y había ganado reconocimiento por sus actuaciones en acciones como Corrales, Estero Bellaco, Tuyutí, Yataity Corá y Sauce-Boquerón, antes de su consagración definitiva en Curupayty.
En Curupayty, Díaz no fue solamente el hombre que comandó las tropas, también fue quien comprendió que el terreno podía convertirse en un elemento decisivo de la defensa.
La estrategia no dependió exclusivamente del número de soldados o de la cantidad de armamento disponible.
La construcción de las trincheras, la elección de la posición, el aprovechamiento de las características naturales del terreno y la espera del momento adecuado para abrir fuego fueron elementos centrales de la defensa paraguaya.
La profesora Vicenta Miranda destaca justamente ese aspecto.
“Estrategia, heroísmo, valentía, ese amor con que defendieron a la patria, al terruño, la soberanía, la independencia que ellos vieron amenazada en aquel entonces”, señala al referirse al espíritu de aquellos combatientes.
Curupayty fue una victoria paraguaya, pero ocurrió dentro de una guerra devastadora. La Guerra de la Triple Alianza se prolongaría hasta 1870 y provocaría enormes pérdidas humanas, territoriales y económicas para el Paraguay.
Por eso, recordar Curupayty exige mirar simultáneamente las dos caras de aquel acontecimiento: la victoria militar y la tragedia histórica que la rodeó.
Después de la derrota en Curupayty, las fuerzas aliadas redujeron considerablemente sus operaciones durante los meses siguientes de 1866. La victoria paraguaya produjo, de esta manera, un fuerte impacto en el desarrollo de la guerra.
En el campo paraguayo, en cambio, aquel triunfo adquirió rápidamente una dimensión simbólica. Curupayty pasó a representar la capacidad de un ejército menor en número para resistir a una fuerza superior mediante la preparación, el conocimiento del terreno y una estrategia defensiva cuidadosamente organizada.
La memoria permanece en ÑeembucúHoy, 160 años después, las trincheras de Curupayty continúan siendo mucho más que un sitio histórico o un escenario militar. Son un espacio de memoria.
Para quienes viven en Ñeembucú, la historia forma parte del paisaje cotidiano. Los nombres de Curupayty, Humaitá, Tuyutí, Curuzú y Yataity Corá no son simplemente capítulos de los libros escolares. Son nombres vinculados a la tierra que habitan.
La voz de la profesora Vicenta Miranda, desde Humaitá, contribuye a mantener vivo ese relato.Y cada septiembre, cuando vuelve a mencionarse aquella mañana del 22 de septiembre de 1866, Curupayty vuelve a ocupar un lugar en la memoria nacional.
160 años despuésHan pasado 160 años. Muchas cosas desaparecieron. Las armas fueron silenciadas. Los uniformes quedaron convertidos en piezas de museo y los protagonistas de aquella jornada descansan desde hace mucho tiempo. Pero las trincheras permanecen.
Y con ellas permanece una pregunta que atraviesa las generaciones: ¿cómo pudo un ejército de aproximadamente 5.000 hombres resistir el ataque de una fuerza varias veces superior?
La respuesta está en la tierra de Curupayty, en aquellas zanjas abiertas a fuerza de pico y pala, en los días de lluvia, en la espera, en la estrategia de José Eduvigis Díaz y, sobre todo, en los hombres que defendieron aquellas posiciones.
Por eso, 160 años después, Curupayty no es solamente una batalla que se recuerda. Es una parte de la memoria histórica del Paraguay que todavía habla desde las trincheras de Ñeembucú.
Un sitio histórico de difícil accesoCurupayty se encuentra a unos 15 kilómetros de Humaitá. Sin embargo, llegar hasta el histórico sitio continúa siendo una dificultad.
Para acceder al lugar es necesario atravesar seis portones ubicados en propiedades privadas. El camino presenta malas condiciones y tanto el sector donde se encuentran los restos de la antigua trinchera como los monumentos históricos están situados dentro de una propiedad privada, según explicó la intendenta de Humaitá, Telesfora Villalba (ANR).
La jefa comunal señaló que desde el municipio solicitaron al vicepresidente de la República, Pedro Alliana, una adenda que permita aprovechar las obras de construcción de la ruta de pavimento rígido entre Humaitá y Paso de Patria para ejecutar también el tramo de aproximadamente seis kilómetros que conecta el desvío con Curupayty.
La intención, explicó, es mejorar el acceso y permitir que turistas, estudiantes e investigadores puedan llegar al histórico campo de batalla sin las dificultades que actualmente presenta el camino.
Recordación de los 160 añosSegún informó la intendenta de Humaitá, Telesfora Villalba,(ANR) el Ejército Paraguayo realizará hoy 22 de septiembre una actividad conmemorativa por los 160 años de la Batalla de Curupayty.
Debido a las últimas precipitaciones registradas en la zona y ante el pronóstico de nuevas lluvias para las próximas horas, el Ejército Paraguayo decidió trasladar el acto conmemorativo previsto inicialmente en el histórico sitio de Curupayty.
La actividad por los 160 años de la Batalla de Curupayty se desarrollará a partir de las 10:00, en la plaza del “Soldado Desconocido” de la ciudad de Pilar.
El programa contempla una recreación histórica denominada “Diagonal Histórica de la Gloria y el Honor”, bajo el lema “Curupayty, sinónimo de orgullo, ingenio y valor paraguayo”.
De esta manera, la capital de Ñeembucú será escenario de la conmemoración de una de las batallas más importantes de la historia militar paraguaya.
A 160 años de aquella batalla, Curupayty sigue allí: entre el monte, los esteros y las antiguas trincheras, como testimonio de un episodio que el tiempo no consiguió borrar de la memoria del Paraguay.
