
"Cuando pueda migraré": Jóvenes marroquíes dan la espalda a la política al año del GENZ212
La abstención registrada en las legislativas del día 23, que roza el 62 % -un récord en casi 20 años-, confirma el distanciamiento entre la sociedad y los políticos marroquíes. ...
La abstención registrada en las legislativas del día 23, que roza el 62 % -un récord en casi 20 años-, confirma el distanciamiento entre la sociedad y los políticos marroquíes.
El desencanto de la juventud es el más evidente. Hoy hace un año, cientos de jóvenes se lanzaron a la calle para pedir mejoras sociales tras la muerte de ocho mujeres embarazadas en un hospital del sur del país. Nacía el GENZ212 -llamado así por el prefijo telefónico marroquí +212-.
Las manifestaciones dejaron tres muertos, fueron reprimidas y seguidas por miles de procesos judiciales. Al menos 660 personas siguen en prisión con condenas de hasta 15 años.
El pasado 30 de julio, decenas de miles de personas -en su mayoría jóvenes- cruzaron de forma irregular a Ceuta, en el mayor éxodo migratorio que ha vivido el país. Al menos 140 murieron, según organizaciones civiles, y miles siguen aún en la ciudad española.
Tras el éxodo de Ceuta, grupos de izquierda y simpatizantes del GENZ212 defendieron la abstención e incluso el boicot a las legislativas que ganó el PAM (Partido Autenticidad y Modernidad, liberal), próximo al Palacio real y socio de la coalición gubernamental saliente encabezada por el magnate Aziz Ajanuch.
Nour (nombre ficticio), es una estudiante de psicología de 20 años que no ha votado porque siente que "nada va a cambiar" y se pregunta si, realmente, "está mejorando algo".
También fotógrafa y escritora, lleva un tatuaje en el brazo izquierdo con la palabra 'libertad' en árabe, expresión de una identidad más moderna y atrevida en un país donde esta práctica no era habitual en generaciones anteriores.
Reclama al Gobierno más oportunidades para los jóvenes y pide que les dejen "hablar, expresarse y soñar", porque "todo el mundo los está controlando y ni siquiera puedes respirar", dice a EFE.
Para esta joven, la religión forma parte de ese control: "todo el mundo es religioso para los demás, pero no para sí mismos, la gente se engaña a sí misma".
Nour admite que ha perdido la esperanza en Marruecos y no duda en afirmar: "Si le preguntas a cualquiera en la calle '¿Quieres irte de este país?', te dirá: 'En cuanto pueda, me iré'".
Es el caso de Ousama, ingeniero de 23 años que estudia alemán para emigrar. No participó en las elecciones y lamenta la falta de oportunidades que los sucesivos gobiernos han ofrecido a la juventud. "Por eso optamos por buscar nuestro futuro en otro lugar", explica a EFE.
Los jóvenes buscan desarrollarse y encontrar trabajo, continúa. "Cada vez decimos que vamos a ver un cambio, pero no vemos nada. Deseamos lo mejor para que este gobierno funcione, aunque no creo que lo vaya a lograr", añade.
Nour denuncia los intentos de "controlar las voces críticas y acallarlas" en Marruecos. Se refiere también al cruce masivo a Ceuta y la reacción de Rabat de pedir a España la devolución inmediata de los migrantes para ilustrar la "contradicción" que, opina, vive su país: "Dicen que quieren a la gente de vuelta, pero no están haciendo nada por ellos. Es un reflejo de lo que está pasando en Marruecos".
Por su parte, las jóvenes Yara y Guita, de 20 y 23 años, sienten que votar no les beneficia.
"No confío en el sistema para nada", afirma Guita, una estudiante de electrónica que trabaja en una empresa internacional en Rabat. "Queremos que nos vean y que actualicen sus ideas, su lógica. Todo está cambiando, pero siguen teniendo la mentalidad de hace 20 años", reclamó.
Para estas jóvenes, el movimiento 'GENZ212' es una forma de decir "nosotros también importamos", pero el Gobierno "les tiene miedo", a pesar de que solo buscan "un cambio". Tras las detenciones, "todo el mundo perdió la fe en todo", lamenta Guita.
Yara, estudiante de administración de empresas, reclama atención para las "necesidades básicas que necesita una población, como educación, hospitales y un futuro".
"Fue triste y aterrador", apunta Yara sobre la última crisis migratoria de Ceuta. "Abren la puerta durante unos cinco minutos y ves a todo el mundo intentando irse. Eso habla de la situación en Marruecos y de cómo se siente todo el mundo", afirma su compañera.
Guita y Yara quieren buscar oportunidades laborales fuera, pero confiesan: "Si nos dan un lugar donde aportar aquí, nos quedaríamos".
"El cambio tiene que empezar por aquí. Necesitamos a alguien en la representación política que lo entienda, alguien joven, reflexivo, consciente. Esperamos cruzarnos con alguien así, para votarle". Es su única esperanza.
