
El Instituto de Previsión Social (IPS) se encuentra una vez más en el centro del debate público tras la radiografía presentada hoy por las autoridades de la Unidad de Emergencias Médicas Adultas (UEMA) del Hospital Central en sesión del Consejo de Administración, liderado por Isaías Fretes.
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En una exposición técnica ante las autoridades, los principales responsables del servicio delinearon una realidad alarmante: el ala de Urgencias de Adultos opera al límite absoluto de sus capacidades, sostenida únicamente por el esfuerzo heroico de su personal de blanco, pero carcomida por deficiencias estructurales, saturación por casos de baja complejidad y una crisis de recursos humanos que amenaza con agudizarse en los próximos meses.
La UEMA representa hoy la unidad de urgencia médica más grande y compleja del Paraguay, se afirmó durante la sesión. Sin embargo, las cifras, los testimonios y las condiciones edilicias revelan una brecha insostenible entre la demanda masiva de los asegurados y la capacidad real de respuesta de la previsional.
Un hospital dentro de otro hospital operando a máxima capacidadInaugurada originalmente en junio del año 2010, la infraestructura física de la UEMA fue diseñada para albergar un volumen de pacientes que hoy resulta una fracción minúscula de la realidad diaria. Con el transcurso de los años, el crecimiento demográfico de los aportantes del IPS y el envejecimiento poblacional incrementaron la presión sobre el Hospital Central de manera exponencial.
La doctora Clarisa Da Costa, coordinadora de la UEMA, explicó que actualmente la unidad cuenta con una capacidad física de 122 camas distribuidas en diferentes salas de atención. No obstante, la realidad operativa supera con creces este límite: de manera sistemática, el servicio llega a albergar entre 160 y 170 pacientes por día. Indicó que esta situación obliga al personal médico y de enfermería a recurrir a soluciones logísticas precarias, como el uso de sillas de ruedas, camillas prestadas por otros departamentos e improvisaciones en los pasillos para evitar rechazar a quienes acuden en busca de auxilio.
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“No tenemos un techo, no tenemos y somos el lugar donde hacemos magia, tenemos esa capacidad camaleónica de reconvertirnos como sea ante la necesidad”, expresó Da Costa.
Las condiciones de atención: Pacientes en pasillos, falta de privacidad y esperas prolongadasEl impacto más visible de este colapso recae sobre los asegurados, quienes experimentan en carne propia las deficiencias de un sistema sobrepasado. Durante la exposición de la doctora Da Costa, se detalló cómo cientos de pacientes deben pasar jornadas enteras —y en muchos casos amanecer— en los pasillos de la urgencia, debido a la saturación total de las salas de internación.
Las autoridades del IPS estuvieron de acuerdo en que las condiciones físicas en las que se desenvuelve la atención médica atentan contra la dignidad y el pudor de los pacientes. Da Costa detalló que al carecer de suficiente espacio y de una sectorización adecuada por franja etaria o género, hombres y mujeres de distintas edades comparten espacios reducidos, separados únicamente por biombos de tela. Detalló que en un mismo metro cuadrado, un paciente puede recibir una sonda vesical mientras al lado se le realiza un electrocardiograma a una persona de distinto sexo.
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La escasez de recursos humanos agrava el panorama. Mientras que los estándares internacionales recomiendan números estrictos de personal de enfermería por paciente —especialmente en áreas críticas donde una enfermera debe atender a un máximo de dos pacientes—, en las salas del IPS todo se desborda.
La coordinadora de la UEMA sostuvo que con frecuencia, un reducido número de enfermeras y médicos de guardia deben lidiar con el triple o cuádruple de pacientes de su capacidad óptima. Esta sobrecarga no solo genera demoras en la administración de medicamentos y en la realización de estudios diagnósticos, sino que incrementa el riesgo clínico debido a la alteración progresiva del estado de salud de los enfermos durante la espera.
El factor crítico: El 50% de pacientes que no deberían acudir a la urgenciaUn elemento central en el análisis de la crisis de la UEMA es el uso inadecuado del servicio por parte de los propios asegurados y las fallas en la red sanitaria periférica. Según las estadísticas presentadas correspondientes al último mes, aproximadamente el 49% o 50% de las personas que acuden a la urgencia del Hospital Central corresponden a las categorías verde y azul del triaje; es decir, cuadros clínicos de baja complejidad que podrían ser resueltos sin inconvenientes en las clínicas periféricas, en el Centro de Atención Ambulatoria (CAA) o en centros de salud distritales.
Da Costa aseguró que cuadros de resfríos comunes, cefaleas leves, golpes menores o dolencias crónicas no descompensadas saturan los mismos espacios donde se intenta reanimar a un paciente infartado o tratar un accidente cerebrovascular (ACV). A esto se sumó un fenómeno que calificó como “preocupante”, al mencionar la derivaciones innecesarias desde el interior del país y hospitales de área central (como Luque, Ingavi, Villarrica, entre otros). Las autoridades del IPS criticaron que muchos centros médicos derivan pacientes al Hospital Central para evitar procedimientos sencillos.
El cuello de botella estructural: El lento giro de camasIsaías Fretes, presidente del IPS resaltó que la urgencia médica de un hospital general no está diseñada para funcionar como un área de internación prolongada. Los estándares internacionales establecen que el tiempo máximo de permanencia de un paciente en una sala de urgencias no debe superar las 6 horas, plazo en el cual el enfermo debe ser dado de alta o derivado a una sala de internación definitiva en el edificio principal.
Da Costa explicó al Consejo que en el IPS, esta regla teórica es una utopía. Debido a la alta demanda y al lento “giro de camas” en los departamentos de clínica médica y especialidades de los pisos superiores, los pacientes de la UEMA se ven obligados a permanecer internados en camillas de urgencia durante días, e incluso semanas. Existen registros de pacientes que se curan, cumplen sus tratamientos o pasan sus últimos días en la propia urgencia, debido a la imposibilidad de conseguir una cama de internación en el área correspondiente.
Este estancamiento genera un efecto dominó: al no liberarse las camillas, los nuevos pacientes que ingresan con cuadros graves quedan varados en los pasillos o en sillas de ruedas, profundizando el colapso operativo de la unidad.
Crisis de recursos humanos y desgaste del personal de blancoOtra de las preocupaciones señalada durante la presentación ante el Consejo es la situación laboral y humana del plantel médico y de enfermería.
Una vez más, Fretes mencionó el impacto negativo -según su opinión- que ha tenido la legislación sobre la reducción de la carga horaria a 12 horas universales del personal de salud, implementada -según afirmó- sin el acompañamiento presupuestario ni la reposición masiva de los recursos humanos necesarios para cubrir las horas vacantes.
Fretes afirmó que los médicos perciben una remuneración salarial que en muchos casos no se condice con la alta responsabilidad y el desgaste físico y mental de la profesión. Resaltó que la falta de suficientes profesionales de planta y residentes limita las posibilidades de realizar un seguimiento clínico riguroso.
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Durante la presentación del informe se resaltó también la precariedad administrativa. Se aseguró que áreas enteras operan con un apoyo logístico y administrativo mínimo, obligando al personal médico a asumir tareas de gestión que restan tiempo valioso a la atención directa de los pacientes.
Propuestas de solución y el desafío de la reingeniería institucionalFrente a este escenario crítico, las jefaturas de la UEMA y las autoridades del IPS plantearon una serie de ejes de acción a corto y mediano plazo para intentar revertir el colapso estructural:
Incorporación progresiva y focalizada de recursos humanos.Disciplina y control en las derivaciones.Fortalecimiento de la red periférica.Reingeniería financiera y logística.Implementación del “Triage Inverso” para optimizar la liberación de camas.Los asegurados describen la UEMA del Hospital Central del IPS, como un auténtico calvario y un servicio colapsado. Los puntos más recurrentes que denuncian los pacientes se caracteriza por esperas prolongadas, hacinamiento y falta de cama, mezcla de pacientes y vulneración de privacidad. A esto se suma la histórica y desesperante falta de insumos y medicamentos, que obliga al paciente y familiares, a realizar importantes gastos de bolsillo.
