
A los 95 años y tras más de siete décadas: el emotivo reencuentro de don Sixto con el Cañonero Paraguay
A veces, más allá del acervo histórico que representa para un país, grandes emblemas de nuestra Armada, como lo son el Cañonero Paraguay C-1 y el Patrullero Capitán Cabral, hay historias atra...
A veces, más allá del acervo histórico que representa para un país, grandes emblemas de nuestra Armada, como lo son el Cañonero Paraguay C-1 y el Patrullero Capitán Cabral, hay historias atravesadas y marcadas por un contacto. Las emblemáticas embarcaciones llegaron en un hecho histórico a Encarnación, amarradas en la Costanera República del Paraguay por primera vez, el pasado sábado 22 de agosto, en el marco del desarrollo del Mundial de Rally.
En su trayecto trajeron múltiples historias, momentos y recuerdos. Llegaron cargados con la energía de esos miles de paraguayos que alguna vez estuvieron en contacto con alguna parte del acero duro y frío que los caracteriza.
Sixto Sosa Ramírez es un ejemplo vivo de esto. A sus 95 años cumplidos y tras 74 años, volvió a “tocar lo que fue su hogar”.
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El nonagenario nació un 27 de marzo del año 1931, en la ciudad de Caazapá, en el sexto departamento. A sus 18 años, en enero de 1950, desobedeció la voluntad de su padre y se enlistó en el Servicio Militar Obligatorio.
Terminó cumpliendo funciones en el Área Naval, en la capital del país (Asunción). Luego de hacer funciones en tierra por un año, sintió la necesidad de conocer el emblemático cañonero.
“Yo quería conocer a bordo, quería saber cómo era. Primero no me quisieron dar el traslado, pero al final conseguí”, expresó Sixto, con un brillo particular en la mirada.
Describió que vivió un año en el Cañonero Humaitá C-2, embarcación gemela del Cañonero Paraguay. “Sobre el agua terminé mi servicio militar”, sostuvo.
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Levantó la mirada y expresó: “Cuando terminé mi servicio militar, me felicitó el comandante, me hizo la palmada en el hombro y me entregó mi premio. Era el Capitán de Corbeta Mario López Escobar, que estaba con el Teniente Tomás González”, puntualizó.
Recordó además: “Lo último que me dijeron fue si en algún momento me siento desorientado en algo, que puedo volver junto a ellos, que me podían orientar”, refirió con un semblante de confianza.
Sentimientos encontradosCon un ritmo lento, mirando sus manos y entrecortando miradas con su entorno, Sixto confesó que, en la antesala al reencuentro con el cañonero, “siento dos cosas; primero un poco de tristeza; y al mismo tiempo estoy contento por mirar otra vez un barco que fue mi casa”.
El caazapeño se asentó en Encarnación en la década de los 80, luego de vivir un par de años en la provincia de Misiones, de la República Argentina. Tuvo cinco hijos y actualmente vive solo en el barrio Buena Vista, en cercanías de la Feria Municipal La Placita.
“No soy adinerado, pero no me falta nada, todos mis hijos están bien y me ayudan. Sí, estoy bastante viejo”, dijo entre sonrisas.
La tarde del domingo, el comandante del Área Naval en Itapúa, Capitán de Navío Livio Duarte, lo acompañó hasta el Cañonero Paraguay, amarrado en la Costanera de Encarnación.
Entre sonrisas mordidas inconcebibles, Sixto describió: “Quiero entrar en todas partes, quiero recorrer; tocar la culata del cañón que yo limpiaba; quiero mirar de cerca; no hay pedacito que no conozca”, afirmó.
El emotivo reencuentro describe cómo miles de historias vivas se encuentran y convergen en un punto. Eran otros tiempos y vivir la experiencia en una embarcación en un país mediterráneo y siendo del interior era, sin dudas, una experiencia de vida transformadora.
Mucho después, un ciclo se cierra con satisfacción, lo que reafirma el valor incalculable de la merecida travesía que emprendieron los buques, que por primera vez surcaron las aguas del río Paraná.
